José Carlos Canalda aborda la figura de Juan Martín Díez “El Empecinado”

Juan Martín Díez (Castrillo de Duero, Valladolid, 1775 – Roa, Burgos, 1825), más conocido por su sobrenombre de El Empecinado, fue uno de los grandes héroes de la Guerra de la Independencia, lo que no le libró de ser asesinado por el felón Fernando VII, que no le perdonó su talante liberal.

Durante la Guerra de la Independencia El Empecinado capitaneó una partida de guerrilleros con la que mantuvo a jaque a las tropas francesas hasta el final de la guerra, siendo uno de sus principales feudos las actuales provincias de Guadalajara y Cuenca. Esto hizo que su radio de acción le llegara en varias ocasiones a merodear por los alrededores de Alcalá, como sucedió en otoño de 1809, en junio de 1811, en julio de 1812, cuando durante varios meses consiguió mantener a la ciudad libre de las tropas francesas, o en abril de 1813, en que volvió a liberarla efímeramente.

Sin embargo, el acontecimiento bélico que alcanzó mayor trascendencia fue la batalla que tuvo lugar el 22 de mayo de 1813 en las proximidades del Puente Zulema, en la cual las tropas de El Empecinado derrotaron a las francesas consiguiendo que éstas evacuaran Alcalá de forma definitiva. Ensalzada y magnificada por los historiadores decimonónicos hasta convertirla en una piedra angular de las crónicas complutenses, en realidad tal batalla no pasó de ser una breve escaramuza ya que los franceses, derrotados definitivamente en España, marchaban en retirada hacia los Pirineos evacuando los territorios del centro peninsular que habían estado ocupando hasta entonces; lo que no impidió que El Empecinado fuera recibido en Alcalá como un héroe.

Fruto del agradecimiento de la ciudad fue, en 1816, el acuerdo de erigir un monumento conmemorativo de la batalla junto al Puente Zulema, descrito por los cronistas de la época como una pirámide aunque cabe suponer que pudiera tratarse más bien de algún tipo de obelisco, el cual fue destruido en 1823 por la furia absolutista desatada tras la abolición del régimen liberal implantado tres años antes, la cual se llevaría también por delante la vida del valeroso guerrillero tan sólo dos años más tarde. De todos modos al parecer el monumento todavía no estaba terminado, y de él se habían construido poco más que los cimientos debido a la falta de fondos. Lamentablemente no ha llegado hasta nosotros ningún documento gráfico y ni tan siquiera una descripción detallada del mismo, habiéndose perdido incluso el rastro de su ubicación.

Tras la muerte de Fernando VII en 1833 los alcalaínos, o cuanto menos los de ideología liberal, volvieron a acariciar la idea de honrar la memoria de El Empecinado, sin que se llegaran a materializar los intentos realizados en 1835 y 1861 para erigirle un monumento en la plaza de Cervantes. Habría que esperar hasta que en 1879, siendo alcalde Esteban Azaña, se consiguieran saldar las viejas deudas contraídas con El Empecinado y con el propio Cervantes. Fue el 9 de octubre de ese año cuando se inauguraron la estatua del autor del Quijote, obra de Carlo Nicoli, y el busto de El Empecinado, que se emplazó en la plazoleta existente frente al antiguo convento de la Merced, entonces cuartel de Sementales, dándosele también su nombre a la calle que la atravesaba.

Sin embargo, el busto original de El Empecinado no es el que podemos contemplar ahora sobre su alta columna. Éste, realizado en un material tan poco habitual en este tipo de monumentos como es el hierro, fue encargado a Francisco de Asís Graciani Pastor, un escultor del que no me había sido posible encontrar ningún dato biográfico hasta que Emilio Signes, tataranieto suyo, tuvo la amabilidad de aportarme una información sumamente interesante acerca de su antepasado. Francisco Graciani nació en Alicante el 11 de agosto de 1832 hijo del figurista (moldeador de figuras en yeso) italiano Romano Graziani, natural del ducado de Lucca y asentado en España, donde contrajo matrimonio y donde nacieron sus hijos. Franciso estaba domiciliado en Madrid en 1855, y hacia 1860 se trasladó a Alcalá contratado por el cabildo de la Magistral como restaurador, es de suponer que de las imágenes que se conservaban en ella, naciendo en nuestra ciudad en 1862 su hija Victorina. Aunque en 1871, ocho años antes de fundir el busto, ya estaba de vuelta en Madrid, su anterior vinculación con Alcalá explicaría que éste le fuera encargado. Graciani falleció en la villa madrileña entre junio de 1889 y diciembre de 1890.

Otro dato interesante sobre este monumento es el aportado por Manuel Peinado1, según el cual su coste total, incluidos la columna, el pedestal que le sirve de base, tallado en piedra caliza por el cantero Antonio Almestre, y la verja que lo circundaba, forjada por Vicente Saldaña, ascendió a 6.750 reales, es decir, 1.687,50 pesetas.

Pese a su innegable calidad artística el busto no resultó del gusto de los alcalaínos, que lo tildaron de tosco y afrancesadoprobablemente a causa de su uniforme militar, que recuerda más a la moda de la época en la que fue fundido que a la del propio Empecinado, aunque su parecido con el retrato de Goya es bastante notable. Esta repulsa, unida al hecho de que el hierro demostró ser un material muy poco resistente a la corrosión, motivó que se reemplazara tan sólo dos años más tarde por el busto actual, obra también de Carlo Nicoli y realizado en esta ocasión en bronce, lo cual supuso un nuevo gasto para las arcas municipales, de nuevo según Manuel Peinado, de 2.200 pesetas. La columna, sin embargo, no se reemplazó. Por su parte, el busto censurado quedó arrinconado en los almacenes municipales durante más de cien años hasta que, tras ser restaurado, fue instalado en la sala de la Comisión de Gobierno del Ayuntamiento.

Aunque este segundo busto permaneció en su emplazamiento hasta nuestros días, el deterioro provocado por su exposición a las inclemencias del tiempo hizo necesaria una restauración en el año 2002, reponiéndose la verja que lo circundaba y la inscripción de la base del pedestal, desaparecida desde hacía mucho tiempo, aunque mientras la original estaba formada por letras sueltas clavadas en la piedra, la actual consiste en una inscripción grabada en una plancha de bronce. El texto es de suponer que reproduce el desaparecido, aunque la última línea añadida no se puede decir que sea demasiado correcta sintácticamente, ya que no respeta el género -convierte el masculino en femenino- y se come el sustantivo “año” que debería haber ido antes de éste:

LA CIUDAD DE ALCALA DE HENARES
A JUAN MARTIN “EL EMPECINADO”
BATALLA DEL PUENTE DEL ZULEMA
22 – V – 1813
ERIGIDO EL 9-10-1879
RESTAURADA EN EL 2002

 
En la primavera de 2009 el busto fue desmontado de la columna y llevado a la exposición Los Nicoli en Alcalá, montada en la Capilla del Oidor dentro de la exposición permanente de Los universos de Cervantes, lo que permitió por vez primera poder observarla de cerca, algo que no era posible en su ubicación habitual.

No acaban aquí los homenajes de Alcalá a El Empecinado. En el Salón Noble del Ayuntamiento hay seis medallones, tres a cada lado, dedicados a personajes ilustres vinculados a la ciudad: Miguel de Cervantes, el Cardenal Cisneros, Pedro Gumiel, Juan Martín El Empecinado, Antonio de Nebrija, y Antonio Solís. Según la página web del Ayuntamiento las obras de construcción del Salón Noble comenzaron en 1872 y se prolongaron hasta 1875, realizándose entre 1873 y 1875 la decoración del mismo. Esto hace al medallón prácticamente contemporáneo de los dos bustos aunque algunos años anterior a éstos, por lo que fue ésta la primera representación escultórica que tuvo El Empecinado en nuestra ciudad. Lamentablemente, aunque conocemos el nombre del arquitecto que dirigió los trabajos, Adolfo Fernández Casanova, autor también de la capilla del cementerio municipal, no ocurre lo mismo con el autor de los medallones, que permanecen anónimos.

1 PEINADO LORCA, Manuel. Homenaje a Juan Martín, el Empecinado.

© José Carlos Canalda

Anuncios