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Estos días he leído como se ha vuelto a traer a colación la situación por la que atraviesa el centro Comercial los Cuadernillos. No sé si la noticia en cuestión, tendrá algún tipo de interés oculto o no, es decir, no entiendo a cuento de qué se vuelve a sacar un asunto que es de todos conocido, y no quiero pensar que la cosa en cuestión “tiene gato encerrado”, cosa por otro lado, habitual y posible en nuestra ciudad. Fabricar noticias no siempre tiene el interés de dar información.

Raramente he acudido al centro comercial Los Cuadernillos. Me llama enormemente la atención la excelente calidad de sus cines – muy buenos-, pero como soy bicho raro, las escasas ocasiones – el tiempo es un bien preciado- en las que puedo permitirme el capricho de ir al cine,busco versiones originales, por lo que tengo que rebuscar entre las cada vez más escasas salas madrileñas que no han sucumbido al doblaje.

En cualquier caso, creo que todos consideramos lamentable la situación de ese centro comercial, así como la de algún otro en la ciudad. Instalaciones que se han construido muchas veces sin ningún tipo de criterio, y generalmente respondiendo al interés de alguna marca comercial que prometía convertir en oro, las cuatro piedras que formaban una parcela.

Para mí, el primer centro comercial que se levantó en mi pueblo, fue el Centro comercial el Val, ubicado en la parcela en la que hasta finales de 1986 se llevaba a cabo el “mercadillo de los Lunes”. Ese centro fue un boom, por sus cines… por sus comercios…. Y todo Alcalá quería estar ahí. Su construcción emulaba al centro comercial la Vaguada, -uno de los primeros de España y con cuyo nombre sería rebautizado de manera coloquial el centro comercial el Val- levantado en el barrio del Pilar, y en el que Cesar Manrique llevó a cabo las tareas de paisajismo que ya había llevado a cabo en el lujoso Hotel las Salinas de Costa Teguise, muy próximo a su residencia y al lugar donde fallecería en accidente de tráfico el “genial conejero”.

Al Centro Comercial el Val le siguieron la Dehesa en 1991, con su controvertida ampliación aprobada en 1995 con el apoyo de la entonces no adscrita Rosalía Rodríguez, así como algún otro centro comercial – diríamos que menor-, como los Pinos situado en el barrio del Chorrillo.

Hoy en día, sólo el centro comercial Alcalá Magna, así como las grandes tiendas de la Dehesa, parecen conservar alguno de los mimbres para los que fueron predestinados, languideciendo muchos de los locales de los diferentes centros comerciales, como meras galerías  de barrio, en la que numerosos comercios abren y cierran sus puertas siendo la tumba en vida de numerosos emprendedores, que arruinan sus precarias economías en el empeño.

Es fácil decirlo a toro pasado, pero España no ha seguido un modelo económico para desarrollar una coherente política de centros comerciales.

Había dos modelos a elegir:

El modelo americano, basado en el gigantismo, en el coche y en ciudades totalmente carentes de encanto o atractivo. Los norteamericanos buscan en el centro comercial el esparcimiento. Los americanos no buscan sólo un lugar de compra sino que buscan también la vida social de la que carecen en ciudades sin historia y sin un punto de referencia claro.

O el modelo francés, muy lejos de la imagen que a priori podemos tener del país galo, porque visitar París no supone conocer Francia.

Las ciudades medias francesas están perfectamente estructuradas. El primer precio se encuentra en las afueras, donde los comercios son únicamente outlets, las gasolineras son autoservicios -20 centimos más baratas y de marca blanca-, preservándose el centro de las ciudades para un comercio de calidad, en el que es inconcebible encontrar un comercio “de todo a 100”, ya que el centro histórico hay que pagarlo. Las “marcas”, se pegan por los bucólicos centros de Amiens, Poitiers, Ruan, Tours amen de otras muchas ciudades medias, ciudades que han sabido combinar un centro histórico valioso con un comercio de calidad, sin perder el atractivo del mega centro comercial, al que el vecino francés también acude con con mucha frecuencia para ahorrarse un dinerillo.

Sencilla la receta ¿no? Combinar “calidad” -a la vez que se le otorga valor añadido a los cascos históricos- con “precio”, -al que se mantiene fuera de los cascos-.

En España, y por consiguiente en Alcalá no se ha seguido ninguno de estos sistemas, y la promoción de centros comerciales ha respondido en muchos casos al interés y presión de la “marca francesa de turno”, que ansiaba levantar “su propio negocio”, sin interesarle para nada el entorno, y sin encontrar en los políticos españoles, las frecuentes trabas cortapisas con las que se han encontrado en su país de origen.

¿Nos sobran centros comerciales? O ¿Nos ha faltado una política comercial? Si, a las dos preguntas.

Las grandes enseñas de referencia han huido del casco histórico de una ciudad patrimonio de la humanidad, dejando un hueco que raramente es ocupado por un comercio con un valor añadido equiparable al de una ciudad que además es la capital del Corredor del Henares. ¿Alguien concebiría que Zara cerrase su carísima ubicación de la calle Serrano para centrarse en su establecimiento del Centro Comercial la Gavia?. Todo puede equilibrarse.

¿Podría alguien explicarme el porqué las enseñas del grupo Inditex han abandonado sus locales en la calle Mayor o Libreros?

¿Conoce alguien la política que la Administración regional ha seguido en la ciudad durante los gobiernos de Joaquín Leguina, Alberto Ruíz Gallardón o Esperanza Aguirre?. No señalo con el dedo en este caso a los políticos locales, porque la competencia a este respecto siempre la ha tenido la administración regional.

Creo que ya está claro que en mi opinión de mindungui y gañancete, no se ha seguido una política comercial con criterio definido, lo que ha supuesto un desorden/desestructuración de las zonas comerciales – centro/casco histórico vs extrarradio- que ahora tenemos que digerir, no sólo en nuestra ciudad, sino en España en general.

En conclusión, hemos repartido mierda para todos.

 

Ahora lo de siempre,

Tenemos lo que nos merecemos

El alcalaíno impenitente

elalcalaínoimpentiente@outlook.es