No soy amigo de las necrológicas, y siempre que junto letras para escribir una, lo hago con la vana esperanza de que sea la última. Hago un paréntesis en mi retiro para rendir homenaje a uno de los mejores alcalaínos que ha tenido la ciudad en el último siglo

Soy persona de cierta edad y estoy bregado en diferentes ámbitos de la vida, pero no dejo de sentir el vacío de espíritu que genera la muerte – sea de quién sea-. Si la muerte se ha llevado a personas a las que he apreciado o admirado el vacío puede llegar a ser insoportable.

Don Manuel se nos ha ido. Casi 96 años que no han pasado desapercibidos para nadie. Cura de almas como ninguno y persona de gran rectitud, yo creo que nadie en la ciudad puede hablar mal del que ha sido capellán del Hospital de Antezana durante casi cuarenta años. Eso si, nunca tuvo remilgos en decir lo que pensaba.

Don Manuel Palero Rodríguez-Salinas ha sido un longevo miembro del presbiterio complutense. Nacido en Alcalá de Henares en octubre de 1924, siendo ordenado sacerdote el 3 de abril de 1949 por el Obispo de Madrid-Alcalá, Monseñor Don Leopoldo Eijo Garay (1878-1963).

Don Manuel Palero ha ocupado diversos cargos eclesiásticos: canónigo de la Santa e Insigne Magistral, párroco de Santa María la Mayor y capellán del Hospital de Antezana entre otros, pero sobre todo ha sido alcalaíno, alcalaíno de los de verdad, de los que lucho porque nuestra ciudad sea hoy lo que es, de los que se fue a ver al ministro Villar Palasí cuando “nos levantaron” la universidad – que luego sería la autónoma- en Abril de 1969. Palero fue luchador de tantas cosas que sería difícil enumerarlas, pero eso sí, nunca puso precio a su trabajo por la ciudad.

Llegó al Hospital de Antezana buscando un refugio, debido a las fuertes tensiones en su relación con el por entonces y siempre polémico Cardenal Arzobispo de Madrid, Vicente Enrique y Tarancón, tensiones que propiciaron que Don Manuel pasase de ser posible Obispo, a cura sin Parroquia tras ser despojado del púlpito de  Santa María.

Los que tenemos edad, recordamos la manifestación de apoyo que Don Manuel recibió de sus conciudadanos en diciembre de 1975. La Plaza de Cervantes estaba a rebosar de alcalaínos en apoyo de su cura.

Palero siempre fue aficionado a la pintura, de lo que eran muestra buena parte de los frescos que ha mantenido la Iglesia de Santa María hasta su última restauración, que salieron de su paleta.

Atrás también quedará su transistor, a todo volumen en el confesionario a las 8.00 de la mañana – durante muchos años ha arrastrado problemas de sordera-, y atrás quedará también su misa de 35’ clavados – la más rápida y de mayor calidad de Alcalá-, en la que todos los que le escuchaban salían curados de todos sus males.

Alcalá ha perdido a uno de sus mejores alcalaínos.

 

Descanse en paz don Manuel Palero.

El alcalaíno impenitente.