La primera parte del Repostero Baldaquino, restaurada por la Real Fábrica de Tapices se encuentra de nuevo en la sala de la Junta de Gobierno del Ayuntamiento. Después de siete meses la pieza ha recuperado su colorido y ha sido restaurada minuciosamente, con colores naturales y con la actuación en pequeños orificios causados por insectos y ácaros en sus casi cuatrocientos años de historia.

Los reposteros heráldicos se pueden datar entre 1622 y 1655. Los dos reposteros presentan las armas de D. Alonso II de la Cueva y Benavides, I Marqués de Bedmar, importante diplomático español de la corte de Felipe III que en 1622 obtuvo el capello cardenalicio. Se trata de una pieza singular; una obra de representatividad pensada para ser instalada a modo de baldaquino, y por la riqueza de su elaboración sin duda como un elemento de gran prestigio para su poseedor.

Para la concejala de Patrimonio, Olga García “estamos dando la bienvenida a una pieza de gran valor que ha sido restaurada hasta el más mínimo detalle y con un enorme respeto, para no borrar todas las huellas que ha dejado en ella el paso del tiempo; se ha tratado de estabilizar el tejido, devolverle color y mantener algunas de las consecuencias de sus casi cuatrocientos años de existencia. Presentarlo dentro del XX Aniversario de la declaración como Ciudad Patrimonio es un honor y una demostración de que el potencial de Alcalá tiene un enorme futuro porque su cultura y su valor patrimonial tiene un incomparable pasado”.

La segunda pieza del repostero llegará a finales del mes de enero, la aparición de pequeñas larvas del conocido como piojo del libro ha retardado el proceso al tener someterlo a una cámara de vacío con el fin de acabar con cualquier agente orgánico que pudiera afectar al tejido.

La lana utilizada para la restauración procede específicamente de ovejas merinas de la provincia de Burgos, cuya textura está determinada por soportar muy bajas temperaturas, lo que aumenta su resistencia.

El importe de la inversión para la estabilización y restauración de la pieza ha estado en torno a los 70.000 euros y fue adjudicado mediante concurso a la Real Fábrica de Tapices, que cuenta con unas incomparables instalaciones para el trabajo con piezas de gran formato.

 

 

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