A continuación publicamos la carta publicada por Mons Reig Plá en la web de la Diócesis de Alcalá:

Ante los acontecimientos recientes en nuestra amada Cataluña me piden los fieles de la diócesis unas palabras de orientación. Os escribo estas líneas, con dolor, pero también con esperanza, en estos momentos difíciles en los que se han comprometido la paz, la justicia y la verdad y con ellas el bien y la comunión fraternal en nuestra Patria, España.

A esta carta adjunto el texto de la LXXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) sobre «Los nacionalismos y sus exigencias morales» que aparece en los números 70 – 76 de la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España. A este documento, aprobado en 2006, os remito para que conozcáis con precisión la enseñanza de la CEE sobre tan delicado tema.

En todo caso este es el tiempo de escuchar la voz de Jesucristo, el Señor, que nos invita a edificar la comunión entre los españoles: Amaos los unos a los otros como yo os he amado (Jn 13,34). Este mandato del Señor debe inspirar siempre toda la misión de la Iglesia Católica.

Reconstruir la comunión desde la verdad

Los católicos no podemos admitir un concepto negativo de la libertad que rompe todos los vínculos. El llamado “derecho a decidir” o afirmaciones como “se ha de otorgar soberanía a la voluntad humana sobre cualquier otra consideración física”, vienen justificando desde hace años la anticoncepción, el aborto o la eutanasia encubierta hasta la ruptura con Dios y su Iglesia, con la familia natural, con los conciudadanos, con la Patria e incluso con el propio cuerpo. Todo esto está en la misma “lógica” de una libertad arbitraria al margen de la verdad y del bien.

Sin embargo, los católicos afirmamos un concepto de libertad que sirve a la verdad y al bien y que es camino de comunión. Sin ella, todo sistema político decae. Más aún, como enseña el Apóstol Pedro “«el don que cada uno ha recibido, póngalo al servicio de los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 P 4,10). Todos los hombres son llamados a esta unidad católica del Pueblo de Dios” (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 13); si queremos la verdadera unidad debemos rezar para que también así suceda en España. Más allá de la legitimidad histórica y legal, la unidad de los españoles ha de ser considerada como un bien moral alcanzado por todo el patrimonio de generaciones en las que no han faltado los mártires y los santos que iluminan siempre el camino de nuestra historia. La base doctrinal de la “sana laicidad”, «implica que las realidades terrenas ciertamente [gocen] de una autonomía efectiva de la esfera eclesiástica, pero no del orden moral» (Benedicto XVI, Discurso los participantes en el 56° Congreso nacional organizado por la Unión de Juristas Católicos Italianos, 9-12-2006). En una sociedad secularizada, este orden moral ha quedado oscurecido. Sin el cristianismo España y Europa no tienen futuro.

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