(Editorial) La convulsa situación, así como las aguas revueltas por las que navega un Club de la solera del Club Juventud Alcalá no deben ser pasadas por alto en la ciudad. En los inicios de la presente legislatura el Club, y al actual equipo de gobierno tejieron lazos muy estrechos que han visto como el devenir del tiempo y las circunstancias, han roto.

El resultado es un Club dividido con una más que difícil reconciliación. El Ayuntamiento siempre se ha escudado en la autonomía e independencia de los Clubes para justificar hipotéticas injerencias, pero el Club Juventud Alcalá – entidades semipúblicas sujetas al derecho administrativo- pervive en buena medida gracias a las Escuelas Deportivas, gestión que es adjudicada por el propio consistorio.

Por otro lado, las numerosas dudas vertidas sobre la organización de pruebas deportivas en la ciudad, deben obligar al consistorio a llevar a cabo una profunda reorganización del actual planteamiento. Las pruebas deportivas no pueden ser usadas bien como “Tapadera” o “peaje” para la financiación a Fundaciones ajenas a la ciudad que buscan artificios para eludir los pertinentes controles administrativos, bien para proporcionar lucro personal a los Directivos de los Clubes que promueven dichas pruebas.

La Concejalía de Deportes debe dejar clara cuál ha sido su postura tanto para la adjudicación de pruebas deportivas, como para la concesión de ayudas y organización de pruebas.

Resulta evidente que el Deporte Alcalaíno no parece estar todo lo limpio que debiera, y el Ayuntamiento debe ofrecer las oportunas aclaraciones al respecto.

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