Publicado  en La Información de Madrid el 29 de Enero de 1995. Escrito por Rosa María García

 

Los agentes vigilarán las calles para frenar el absentismo escolar

Cuenta Javier que el año pasado, cuando estaba en octavo de EGB, tenía una técnica infalible para irse de clase con el consentimiento de la profesora. “Hacía que me ponía malo, que me daban retortijones de tripa y me mareaba. Yo decía que tenía muchas ganas de vomitar”, detalla Javi. Salía de clase, supuestamente en dirección a su casa, aunque a la mitad de camino se quedaba en unos recreativos.

El chollo se le acabó cuando en cierta ocasión la profesora, preocupada por “este chico que siempre está enfermo” llamó a su casa para interesarse por su salud. “Estuve un mes castigado sin salir”, recuerda Javier, para quién  las cosas se le pusieron difíciles a partir de entonces.

Gracias a las pellas, los toros, novillos o pirolas, un gran número de jóvenes adolescentes han fumado su primer pitillo, han aprendido a besar o han descubierto lo buenos que son jugando a las cartas, por no mencionar a aquellos escolares que en horario de clase se encuentran fuera de los centros.

¿A comisaría?

No solo podrán pararles para preguntar la razón por la que no están en clase, sino que les acompañarán a su casa para hablar con sus padres. Si es que están.

“¿Pero te llevan a Comisaría?”, cuestiona incrédulo Paco. “¡A casa! No, prefiero a Comisaría. Me matan mis padres. ”De la misma opinión es Cristina, amiga del anterior. “Hombre, como delincuente no me sentiría, pero si da mal rollo que te lleve a casa la poli. Me ve la vecina, una que tengo que es una cotilla, y ya la hemos armado. Bueno y mis padres, peor”.

Todavía la voz no se ha corrido, pero el recelo comienza a surgir. “Yo no hago toros. Pero si me pillan cuando voy a recoger a mi hermano porque mi madre no puede, es que me muero. No me saldrían ni las palabras”, afirma Davinia, estudiante de octavo de EGB.

La Concejalía de Educación asegura que las cifras de absentismo escolar son insignificantes y no resultan preocupantes. Sin embargo, ello no ha sido óbice para poner en práctica este ‘coto policial’. La iniciativa no se ha puesto todavía en marcha, pero el ingenio de los chico y las chicas comienza a funcionar rápidamente.

Alejandro y “Chiqui” acostumbran a falta a clase los viernes por la tarde para encontrarse en los bancos de un parque. Ya están buscando un sitio más oculto donde poder hacerse carantoñas ante lo que se les puede avecinar. “Si nos pilla la Policía y nos llevan a casa y les dicen a mis padres que estaba con él, mi padre me pega una paliza que me mata”, sentencia “Chiqui”. “Pues yo -apostilla Alejandro-  no tengo calle para correr”.

VOCES A FAVOR

Desde la Federación  de Asociaciones de Padres (FAPA), la medida ha sido valorada positivamente. “Hay que desdramatizar la imagen de la policía que llega a casa acompañando al chico. Están al servicio del ciudadano”, comenta Mayte de Valenzuela, presidenta de la FAPA. “Aunque el absentismo escolar no es un problema serio en Alcalá, hay barrios o colegios donde son necesarias medidas concretas, no simplemente para acabar con él, sino porque en determinados casos el niño sufre un problema serio que hay que solucionar con la colaboración de todos”.

El concejal de Educación, Urbano Brihuega, ejemplifica las palabras de Valenzuela con el último caso del que se han encargado los servicios sociales: dos hermanos de ocho y diez años que durante un largo periodo de tiempo no acudían a clase. “Desde el colegio no se obtenía una respuesta clara a esa conducta -explica Brihuega-. Finalmente se comprobó que los chavales vivían con su abuela porque los padres tenían problemas serios. Hablaron con la familia y ahora acuden con normalidad”.

Para Aurora, directora del colegio público Manuel Azaña, el proyecto es “maravilloso, porque lo más importante es que exista información fluida para los padres y el centro”. Aurora lleva  nueve años en este centro afincado en uno de los distritos más castigados y todavía recuerda como ha tenido que ir al mercadillo para buscar a sus alumnos. También ha comprobado que, con la recolección del tomate, algunos faltan.

 

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