Hace unos años, durante las ferias de 2010, me pasé por el colegio de Málaga donde, como ya es tradicional, estaba expuesta la comparsa de gigantes y cabezudos. Conté un total de veinticuatro gigantes, minigigantes y cabezudos aparte, a los que hay que sumar otros dos -Catalina de Aragón y Enrique VIII- ausentes entonces por estar siendo sometidos al parecer a una restauración, y el Tuno, incorporado a la comparsa en 2011.

Veintisietes gigantes son realmente muchos gigantes, lo que sin duda convierte a la comparsa actual en la más numerosa de los últimos años y también es posible que en una de las más nutridas de España. Cierto es que la calidad de estos gigantes es dispar y sólo algunos de ellos podrían competir con dignidad con las magníficas comparsas de lugares españoles de gran tradición como Cataluña o Navarra; pero incluso el más ramplón, por decirlo de alguna manera, merece ser considerado con respeto y como tal conservado, ya que detrás de él siempre estarán el esfuerzo y el cariño de unos alcalaínos.

Como cabe suponer esta comparsa es fruto de varias décadas, dándose la circunstancia de que, por fortuna, desde hace ya bastante tiempo se han conservado todos sin perderse ninguno, a diferencia de lo que pasó durante los años setenta y ochenta en los que se perdió la práctica totalidad de la importante comparsa reunida en las décadas anteriores.

De hecho, y tal como ya he comentado en algún otro artículo, de la comparsa clásica -la de los años sesenta- tan sólo se conservan un total de cinco gigantes: Gepeto, la Bruja, el Indio, el Demonio y el Gitano, con la salvedad de que al menos los tres últimos y, quizá también, la Bruja, eran originalmente cabezudos a los que se les adaptó un cuerpo. Esto da buena idea de la magnitud de la pérdida, sobre todo teniendo en cuenta que tengo censados alrededor de una treintena de gigantes antiguos -aunque probablemente no todos coexistieron- de los cuales tan sólo nos quedan uno o dos.

De ellos Gepeto es el más antiguo, apareciendo como gigante en fotos de los años 60. También de entonces procede el Demonio, aunque como cabezudo; ya como gigante, a finales de los 80 se le transformó en una especie de mago Merlín, recuperando más o menos su aspecto original en la restauración de 1996. La Bruja era un gigante a principios de los años 80, sin que conozca ninguna fotografía suya anterior como cabezudo; se da la circunstancia de que a finales de los 80 fue vestida con el traje típico de Alcalá, indumentaria que llevó hasta que, en la restauración de 1996, se le dotó de un traje más acorde con su idiosincrasia. El Gitano y el Indio, por último, aparecen como cabezudos en fotografías de mediados de los años 70, siendo convertidos en gigantes, al parecer, hacia finales de los años 80.

Paradójicamente, la culpa del abandono de la antigua comparsa la tuvo la compra, en 1974, de la comparsa cervantina, unos magníficos gigantes que provocaron -aunque no había ninguna necesidad de ello- que los demás quedaran arrinconados, pese a que los nuevos eran tan sólo media docena: Don Quijote, Sancho Panza, el Bachiller, Dulcinea, el Duque y la Duquesa. Luego incluso estos también acabaron destartalados, llegándose a perder uno de ellos -Sancho Panza- hacia 1983 o 1984, al parecer destrozado en un pueblo al que fueron llevados, mientras el Bachiller, muy deteriorado, dejó de desfilar durante muchos años. Por fortuna se conservó la cabeza, lo que permitió reconstruirlo en la restauración general de 1996. En cuanto al Quijote, debido a su excesivo peso no tardarían en adosarle unas ruedas, ganándose en comodidad lo que sin duda se perdió en naturalidad.

Algo mejoró la comparsa en 1986, fecha en la que Pepe Macías, entonces concejal de Festejos, intentó revitalizarla adquiriendo tres gigantes en una casa especializada: un nuevo Sancho Panza en sustitución del desaparecido, el Gordo y el Flaco. Sensiblemente más altos y con cabezas de fibra de vidrio y armazones metálicos, contrastaban vivamente con los desvencijados cuerpos de mimbre y madera de los gigantes antiguos, máxime cuando debido a su peso se les adosaron unas ruedas a imitación del Quijote.

Pese a una restauración general que en 1982 llevaron a cabo Cecilia Fernández y Margarita Huertas, a principios de los años 90 la situación de la comparsa había tocado fondo, y los pocos gigantes que quedaban -incluyendo la maltrecha comparsa cervantina- presentaban un aspecto deplorable. Por si fuera poco, la iniciativa de construir dos nuevos dedicados a dos populares alcalaínos, José Calleja y Rosario, acabaría truncada; aunque las cabezas, de gran calidad, se llegaron a realizar en 1992 en una empresa especializada, por deseo de las respectivas familias -ambos habían ya fallecido- los gigantes nunca se terminaron, aunque más adelante se reutilizarían estas cabezas para la construcción de otros gigantes. Los gigantes previstos eran un futbolista de la R.S.D. Alcalá en el caso de José Calleja, y su indumentaria habitual -falda, blusa, bolso y cigarro en la mano- en el de Rosario.

Habría que esperar hasta 1996 para encontrarnos con una iniciativa firme de recuperación de la comparsa. El promotor fue Vicente Fernández, organizador de las ferias durante varios años, y las responsables materiales María Jesús Vázquez Madruga y Paquita Rodríguez junto con la sastra Paquita Martínez, las cuales restauraron la totalidad de la comparsa. No sólo se arreglaron las cabezas, muy deterioradas y repintadas, sino que también se construyeron nuevos cuerpos para parte de la comparsa, más altos y ligeros que los antiguos armazones de madera y mimbre, al tiempo que se vestía a todos con ropajes nuevos. Al Quijote se le cambió la pesada armadura de chapa de hierro por una más ligera de aluminio, y asimismo se aligeraron los otros tres “pesos pesados” -Sancho Panza, el Gordo y el Flaco-, lo que permitió la desaparición de las antipáticas ruedas que portaban todos ellos.

Un año más tarde, en 1997, María Jesús Vázquez Madruga y su equipo construían un gigante nuevo, el Negrazo, reconstrucción del clásico perdido. Ese mismo año una peña festiva, Los Doblones, regalaba al ayuntamiento otro gigante, el Pirata, también realizado por ellas, con lo que el número de integrantes de la comparsa se elevaba a quince.

Lamentablemente otros dos nuevos promovidos en esta ocasión por la asociación cultural Hijos y Amigos de Alcalá, el Húsar de Pavía y el Macero, se quedarían finalmente en el tintero al no conseguirse la suficiente financiación mediante la venta de papeletas de un sorteo.

El equipo formado por María Jesús Vázquez Madruga y sus colaboradoras todavía rindió nuevos frutos en 1998 con la Doctora de Alcalá, lo que elevaba el número de gigantes a dieciséis, y varios cabezudos emulando a otros antiguos ya desaparecidos, como María la Guarra, el Aragonés y Napoleón. A este último, por cierto, le he perdido el rastro, ya que no aparece en las fotografías de la comparsa de cabezudos de los últimos años.

En 1999 tuvo lugar una original idea, el estreno de los tres gigantes de los Reyes Magos, una iniciativa original en Alcalá y, hasta donde yo sé en toda España. De nuevo el promotor fue Vicente Fernández, y las autoras materiales de los gigantes las mismas que habían remozado la comparsa el año anterior, siendo la sastra en esta ocasión Florinda Martínez. A diferencia del resto, y tomando ejemplo de los gigantes de Reus, en ellos se utilizaron pelucas en lugar de recurrir al más habitual pelo pintado. Huelga decir que estos gigantes nunca llegaron a coincidir en ferias u otras celebraciones con el resto de la comparsa, saliendo a la calle exclusivamente durante las fiestas de Navidad y en la cabalgata de Reyes. Se da la circunstancia de que durante bastante tiempo, al no disponerse de cuerpos suficientes, los Reyes Magos se armaban y desarmaban todos los años aprovechando los armazones de otros integrantes de la comparsa.

Las dos siguientes incorporaciones fueron los gigantes representativos de Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra, construidos en esta ocasión por alumnos de arte del instituto Antonio Machado. participando por vez primera en las ferias de 2002. Montados sobre ruedas, han participado muy poco en los desfiles de la comparsa y actualmente, al parecer, están siendo sometidos a una restauración.

Puesto que en mayo de 2003 publiqué un artículo en el que enumeraba a la totalidad de la comparsa entonces existente, este dato nos viene muy bien como referencia. Los gigantes existentes entonces eran los siguientes: Don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea, el Bachiller, el Duque, la Duquesa, Gepeto, la Bruja, el Demonio, el Indio, el Gitano, el Gordo, el Flaco, el Negrazo, el Pirata, la Doctora de Alcalá, Catalina de Aragón y Enrique VIII, a los que había que sumar los tres Reyes Magos y dos gigantillos, Cantinflas y Barragán, que ya habían desfilado como tales en las ferias del año anterior. En total 21 más los dos gigantillos, estos últimos cabezudos a los que se les acoplaron unos cuerpos de pequeña envergadura para ser llevados por niños, aunque Barragán -llamado así por su similitud con este cómico- ya había sido utilizado a finales de los años 80 como destartalado gigante, tarea en la que no duró demasiado tiempo.

Sin embargo, ambas cabezas experimentarían avatares distintos. Mientras Barragán volvió poco después a su condición original de cabezudo, Cantinflas sería reconvertido en gigante aprovechándose un cuerpo sobrante.

Desde entonces a acá ha habido varias novedades. La de mayor importancia, sin duda, es la del gigante que representa a Cervantes, en esta ocasión realizado por una casa especializada, el cual fue estrenado en 2005.

Por su parte en 2007 existían ya, aunque no es descartable que lo fueran desde algún año atrás, el Vikingo, regalado por la peña homónima, y Cantinflas, ya como gigante.

Las dos siguientes incorporaciones desfilaron por vez primera en las ferias de 2009. Se trata de la Gitana y el Moro, y no queda del todo clara su procedencia. Los giganteros afirmaron en una entrevista que se habían aprovechado dos cabezas antiguas, aunque éstas no parecen haber sido anteriormente cabezudos, al tiempo que su confección es demasiado elaborada como para considerarlas de manufactura “casera”. La hipótesis más probable es que se trate de las dos antiguas cabezas, reutilizadas, de José Calleja y Rosario. Con estos dos gigantes, el censo de la comparsa se elevó a un total de veintiséis, contando a los tres Reyes Magos.

Un nuevo gigante -el número 27- se sumó en 2011 a la comparsa. Se trata del Tuno, regalado a nuestra ciudad, en mayo de ese año, por los tunos alcalaínos durante la celebración en Alcalá del VI Festival Internacional de Tunas. En este caso no se trata de un gigante “casero”, ya que fue realizado por una casa especializada, la misma que hizo el de Cervantes, dándose la circunstancia de que está basado en un personaje real, el tuno Jesús de Hoyos Escorbuto. De esta manera Alcalá retoma así la tradición de representar en la comparsa a una persona viva, hasta ahora sólo aplicada a la entrañable Inés la Lotera, dado que la iniciativa de José Macías de dedicar sendos gigantes a José Calleja y a Rosario quedó frustrada, tal como ha sido explicado.

En cuanto a los cabezudos y los minigigantes, éstos han variado mucho de año en año, aunque buena parte de ellos son de confección casera y bastante toscos, careciendo por lo tanto del menor interés. Sin embargo hay excepciones, ya que algunos cabecudos son de mucha mejor calidad, posiblemente por haber sido adquiridos a casas especializadas. Éste es el caso del ya citado Barragán, él o su hermano, puesto que había dos idénticos que tan sólo se diferenciaban en el color del pelo, uno de los cuales acabó, por sorprendente que parezca, a la venta en internet sin que me fuera posible averiguar los motivos de tan extraña venta. También hay -o había, puesto que resulta extremadamente difícil seguir de una manera controlada la evolución de la comparsa de cabezudos en estos últimos años- al menos dos bastante antiguos que llegaron a ser utilizados como cabezas de gigantes en los años sesenta, como es el caso de la Mariquita Pérez -reciclada en rubia- o de la madrastra de Blancanieves.

Por lo demás, cabe reseñar que en estos últimos años el estado de conservación de la comparsa ha experimentado un alarmante deterioro, fruto tanto de un excesivo uso de los gigantes -aunque paradójicamente siempre suelen ser los mismos, mientras el resto de la comparsa tan sólo se expone en ferias, sin que lleguen a desfilar por las calles- como de unas restauraciones hechas por manos muy poco expertas que, amén de darles un aspecto bastante deplorable, podrían llegar a ser incluso dañinas para algo tan delicado como son las cabezas.

Aunque la bibliografía sobre los gigantes alcalaínos es casi inexistente, les recomiendo la lectura del libro de Manuel Vicente Sánchez Moltó Los gigantes y cabezudos de Alcalá (Ayuntamiento de Alcalá de Henares, 2002), del cual he tomado algunos datos del presente artículo.

©José Carlos Canalda Cámara

 

Anuncios