Publicado en la Información de Madrid el 16 de Enero de 1995. Escrito por Rosa María García

José Rodríguez no da señales de vida desde el pasado día 7

José Rodríguez Rivera fue visto por última vez cuando salía de su casa, en la calle Laguna de Alcalá de Henares, para dirigirse al Paseo de los Curas. Fue el pasado día 7 a las doce de la mañana, y desde entonces nadie ha vuelto a saber de él. Tan solo una vecina de José asegura diez horas más tarde -hacia las diez de la noche del sábado- se oyeron ruidos extraños y voces de dos hombres en su piso, circunstancia que todavía no ha sido confirmada.

José es un jubilado soltero de 67 años, residente desde hace 25 años en Alcalá y natural de Albuela (Badajoz), que solía ir a comer a diario a un club de la calle las Damas. Su hermana y sus sobrinos son quién se encargan de atenderle en casa y lavarle la ropa.

Aquel día 7 de enero, María del Carmen Sánchez, una de sus sobrinas, fue a buscar a su tío para ir juntos a hacer la compra. José se negó a salir de casa porque no encontraba las llaves, que decía haber dejado encima de una mesa. María del Carmen subió para ayudar a su tío a buscarlas, encontrándolas encima de una cama.

La mujer insistió en que debía acudir al médico porque los fallos de la memoria eran más acusados en los últimos meses. José, sin embargo, no le daba importancia. Minutos más tarde, otros sobrinos vieron al hombre abandonar su vivienda con toda normalidad en dirección al Paseo de los Curas. Desde entonces no se sabe más de él.

“De ánimos estamos ya flojos”, explica angustiada María del Carmen, pero convencida que su tío no puede estar muy lejos. “Si ha tenido que ir a arreglar papeles, por ejemplo, ha ido siempre acompañado por nosotros, porque no es capaz de desenvolverse bien”.

De tez morena, pelo corto y oscuro, bigote, 1,65 de alto y 60 kilos de peso, José Rodríguez es un hombre rudo, de voz fuerte, con acento extremeño y costumbres fijas. Gustaba entre semana de pasear por las afueras de la ciudad, alejado del bullicio del centro, y visitar los mercadillos o andar por la zona del río. Los fines de semana prefería quedarse en casa y a lo sumo salir para comer y echar una partida en el club de la calle Las Damas. “Salimos diariamente a buscarle por si le hubiera dado hacer cualquier barbaridad y está por ahí tirado. Pero no encontramos nada”, dice su sobrina.

 

“No ha huido”

De su casa no falta dinero, ni ropa, ni utensilios de aseo, por lo que la familia descarta que José Rodríguez haya huido. Tampoco tenía problemas en casa ni con los suyos. “Discutíamos con él cada día, pero porque no quería lavarse o cambiarse de ropa. Y le decíamos que por su bien, por si algún día le pasaba algo, tenía que ir arreglado y limpio”, explica María del Carmen.

La única posibilidad que contempla la familia es que José haya perdido la memoria. Desde hace unos meses olvidaba las cosas con facilidad, motivo por el que estaba en tratamiento. “La asistente social nos ha dicho que puede haber perdido la memoria de repente y no acordarse ni de donde vive”, asegura María del Carmen. “Son ya muchos días los que han pasado y estamos muy preocupados porque tiene la tensión alta y tendría que estar tomándose las pastillas cada día”.

El día de su desaparición, José Rodríguez vestía camisa de manga corta blanca con rayas azules, pantalón azul marino, chaqueta gris de punto, cazadora gris reversible y botas marrones de media caña con cremallera. A su familia sólo le queda la esperanza de que algún vecino se ponga en contacto con la Policía y arroje un rayo de esperanza.

 

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