El Servicio de Hematología del Hospital Universitario Príncipe de Asturias (HUPA) de Alcalá de Henares ha puesto en marcha recientemente un programa de autocontrol de pacientes anticoagulados. Este proyecto es pionero en la red de hospitales de la Comunidad de Madrid. El autocontrol significa también la disminución de la presión asistencial en los centros sanitarios, implica menos complicaciones graves y se reduce el número de hospitalizaciones.

“El autocontrol mejora la adherencia al tratamiento en los pacientes, implica menos complicaciones clínicas, reduce el número de desplazamientos al centro sanitario y el absentismo laboral”, explica la jefa del Servicio de Hematología, Montserrat López Rubio. Así, el paciente está más controlado y estabilizado, con un porcentaje más alto de valores INR (parámetro de medición analítica) en rango terapéutico, disminuyendo la posibilidad de complicaciones clínicas.

El paciente anticoagulado es un paciente que sufre una enfermedad crónica, como puede ser la alteración del ritmo cardíaco (principalmente fibrilación auricular), la presencia de prótesis mecánicas en el corazón, una alteración genética o cualquier enfermedad a la que se asocia un riesgo de trombosis.

Cuando el paciente recibe un fármaco anticoagulante, está obligado a realizar controles periódicos para verificar que la sangre está “tan fina como tiene que estar”; en caso contrario, hay que aumentar o disminuir la dosis del anticoagulante.

El objetivo es mantener siempre igual los niveles de coagulación (lo que se llama el rango terapéutico) y para ello es necesario realizar un análisis periódico de la coagulación, cuyo resultado se expresa en INR y según el resultado del mismo, modificar las dosis de anticoagulante para conseguir que el paciente entre cuanto antes en su rango terapéutico. Esto requiere experiencia de la persona que lo hace, ya que un paciente que toma anticoagulantes orales tiene riesgo de trombosis si su INR está por debajo de rango terapéutico o de hemorragias si está por encima del mismo.

Este autocontrol consiste en dotar al paciente de un coagulómetro portátil, similar al que utilizan los pacientes diabéticos para los controles de glucemia, con el que realizarán los controles analíticos y además ajustarán la pauta del tratamiento anticoagulante de forma autónoma. Para ello, los profesionales del centro le forman en su uso, así como en la forma de modificación de las dosis del tratamiento.

En este sentido, la educación sanitaria del paciente anticoagulado es fundamental para que él pueda manejar su vida conociendo aquellos aspectos que pueden modificar los efectos de los anticoagulantes y con ello los niveles de coagulación.

Esta formación recibida por los pacientes se realiza en varias sesiones en la que se realizan, entre otras acciones, una encuesta de percepción de su calidad de vida, el abordaje de algunas situaciones de coagulación o el funcionamiento del coagulómetro. Además, se les facilita el acceso a un software donde se registran los resultados analíticos y las pautas, que son supervisados on-line por el Servicio de Hematología y donde el paciente puede plantear dudas y/o necesidades.

 

 

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