Sabido es que los ríos castellanos se caracterizan por lo irregular de sus cursos, que experimentan periódicamente tanto grandes avenidas como notables estiajes. Y si bien no suelen darse en nuestra región inundaciones tan dramáticas como las provocadas por los ríos levantinos (Turia, Júcar y Segura principalmente), no deja de ser menos cierto que nuestros cursos de agua pueden, de vez en cuando, darnos importantes sustos.

Dentro de este marco el Henares no es ninguna excepción1, y así se guarda memoria histórica de grandes y graves inundaciones provocadas bien por nuestro río bien por su modesto afluente Camarmilla, tales como la de 1597 o la de 1620. De fechas mucho más recientes data el nombre del popular barrio de Venecia, llamado así por la facilidad con la que sus calles se inundaban en un remedo, sumamente molesto para los vecinos, de la popular capital del Adriático.

Varias han sido las veces en las que en las últimas décadas se ha desbordado el Henares a su paso por Alcalá, y la última de ellas (que también fue la más grave de todas las estudiadas desde el establecimiento de la red de estaciones de aforo) ocurrió hace casi diecisiete años, en enero de 1970. En aquella ocasión las aguas anegaron extensas zonas del barrio de la Virgen del Val, por entonces apenas edificado, destruyendo las incipientes obras del nuevo campo de fútbol y de la ciudad deportiva.

Desde entonces el Henares no ha vuelto a salirse de su cauce, si bien ha habido ocasiones en las que le ha faltado muy poco para ello, como ocurrió en los años hidrográficos 77-78 ó 78-79. No obstante, la construcción de diques de contención en toda la zona de la Virgen del Val (aunque no en el barrio de Venecia) y la regulación de las aguas del Bornova y el Sorbe, los principales afluentes del Henares, con los pantanos de Alcorlo y Beleña, inaugurados en 1978 y 1982, a los que se sumó en 1997 el de El Atance, sobre el Salado, hacen presumir una considerable disminución de los riesgos de inundaciones. No obstante, en diversas ocasiones ha sido preciso desembalsar agua en Beleña, lo cual podría haber acabado causando problemas de haberse mantenido durante más tiempo un aporte de agua por parte del Sorbe superior a la que este embalse puede retener. En consecuencia, cabe deducir que el peligro de un desbordamiento del Henares, aunque mucho más remoto que en 1970, no ha desaparecido del todo.

Al comenzar 1970, por el contrario, nada de esto existía aún. El único embalse existente entonces en toda la cuenca del Henares era el de Pálmaces, construido en la década de los cincuenta sobre el poco importante Cañamares, y tanto el Sorbe como el Bornova (y por supuesto el propio Henares) se encontraban libres por completo de regulación. Alcalá, por su parte, tampoco se había asomado aún a las márgenes del río, y sólo el antiguo barrio de Venecia (los bloques aledaños no habían sido construidos aún) se atrevía a acercarse a las riberas de su respetable vecino. Tanto la zona del Val como la de la Tabla Pintora se encontraban aún vírgenes de edificaciones, y sólo la ermita de la Virgen del Val y la avenida de este mismo nombre, una cinta de asfalto recién construida sobre el antiguo camino, rompían la monotonía de las huertas y los juncales.

El año hidrográfico que comenzó en octubre de 1969 y terminó en septiembre de 1970 no se caracterizó en su conjunto por ser especialmente húmedo; sobre un caudal medio anual de 10,98 m3/s calculado a partir de los datos de 97 años de mediciones en la estación de aforo de Espinillos, aguas abajo de Alcalá, ese año dio un valor anual de 19,1 m3/s, alrededor de un 74 % superior a la media interanual y muy lejos de los 44,4 de 1935-36 o los 48,5 de 1965-66.

Sin embargo, en los estudios hidrológicos no sólo se tienen en cuenta las medias anuales, sino también los denominados caudales instantáneos; una media moderada puede enmascarar un invierno muy lluvioso seguido de un estiaje especialmente severo, precisamente lo que ocurrió en ese año, que contó con la mayor avenida de agua conocida desde la construcción en 1913 de la citada estación de aforo de Espinillos.

Así, se contabilizó el 11 de enero un caudal instantáneo (no medio) de nada menos que de 538 m3/s, tan sólo superado por los 542 medidos en el año 1940-41 o los 572 alcanzados el 25 de marzo de 1947, años ambos que no fueron en su conjunto demasiado húmedos. Esta cifra de más de 500 m3/s fue notablemente superior a los máximos que a finales de invierno o principio de primavera suelen darse en el Henares, que vienen oscilando (eso sí, con grandes variaciones) en torno a los 200 ó 300 m3/s, siendo escasas las ocasiones en las que se rebasan los 400 y, por supuesto, los 500.

En los cuarenta años transcurridos desde ese año hidrológico de 1969-70 hasta el correspondiente a 2009-10, último del que dispongo de datos, se alcanzaría un caudal máximo instantáneo de 352 m3/s (muy inferior al estudiado) el 4 de noviembre de 1972. Otros años muy húmedos como fueron los de 1971-72, 1977-78 y 1978-79 llegaron tan sólo a los 335, 327 y 301, respectivamente. Únicamente en dos ocasiones (1990-91 y 1997-98) se rebasaron los 200 m3/s, y en otras ocho (1970-71, 1973-74, 1974-75, 1984-85, 1989-90, 1996-97, 2000-01 y 2003-04) los 100. Si de los 25 años restantes descontamos los nueve de los que no existen datos, quedan todavía otros 17 en los que el Henares no llegó a alcanzar ni tan siquiera los 100 m3/s de caudal máximo instantáneo, con unos valores en ocasiones tan extremadamente bajos como los 13 m3/s registrados el 15 de octubre de 1994, o los 15,8 del 8 de mayo de 2002… ambos los máximos de sus respectivos años hidrológicos, excepcionalmente secos.

Como puede comprobarse el Henares se caracteriza por una gran irregularidad en su caudal, paliada en parte en estos últimos años por la construcción de los citados embalses de Alcorlo, Beleña y El Atance, junto con el pequeño azud de El Pozo de los Ramos, construido en 1972, con posterioridad a la riada, también en el Sorbe. Tres décadas más tarde -todavía no han sido publicados los datos correspondientes a los tres últimos años hidrológicos- podemos comprobar que no ha vuelto a haber ninguna riada, aunque al efecto regulador de los embalses se han sumado varios períodos de sequía, en ocasiones bastante severa.

Pero volvamos a enero de 1970 y hagámoslo de la mano de Puerta de Madrid, que en su número 55 de fecha 18 de enero publicaba las fotos que ahora volvemos a reproducir bajo los titulares de LA MAYOR RIADA REGISTRADA EN ALCALÁ, ambos ocupando la portada; en su interior un amplio estudio de Fergasa (Fernando Garcés Sarralde, ya fallecido) ponderaba las consecuencias de la riada, que si bien no llegó como en otras ocasiones hasta la calle de los Colegios o la puerta del Vado sí se ensañó con el incipiente barrio del Val, al que inundó al tiempo que se llevaba por delante el puente colgante que la Brigada Paracaidista había tendido frente a la ermita y arruinaba las obras recién iniciadas del campo de fútbol y las piscinas. En su artículo Fernando Garcés calculaba una cifra de unos 650 m3/s (que una vez realizados los estudios correspondientes se rebajaría hasta los ya citados 538) y se servía de un estudio matemático para llegar a la conclusión de que habrían de pasar 500 años antes de que, hacia el 2470, tuviera lugar otra riada de mayor magnitud. Cierto es que en los dieciséis años transcurridos no ha tenido lugar ninguna otra avenida, pero… En estos casos los estudios son estadísticos, y en este tipo de fenómenos siempre puede saltar la sorpresa.

Estudiemos para terminar los gráficos que sobre la riada ha elaborado la Confederación Hidrográfica del Tajo, y hagámoslo comparando los correspondientes a las distintas estaciones de aforo entonces existentes en la cuenca del Henares.

La riada, que en realidad fueron dos (una primera el día 5 y posteriormente la principal el día 11), ya comenzó en Bujalaro, aguas arriba de Jadraque y antes de que el Henares recoja las aportaciones de sus principales afluentes; a su paso por esta estación el Henares llevaba el día 5 algo más de 100 m3/s, caudal que se elevaría hasta los 135 el día 11. Como contraste, cabe señalar que los días 7 y 8 apenas alcanzó en ese mismo lugar los 10 m3/s.

El Bornova, por su parte, llevaba a su paso por Alcorlo 110 m3/s el día 4 (aquí se adelantó en un día) y 170 en la segunda riada. El Sorbe, su otro gran afluente, arrastraba por Beleña 80 y 169 m3/s respectivamente. Con estas aportaciones y alguna que otra modesta contribución del resto de sus afluentes el Henares alcanzaría en Humanes los casi 200 y los 496 m3/s, medidos como siempre en ambas fechas. Entre Humanes y Alcalá, y ya sin afluentes de importancia salvo el Badiel y el Torote, el Henares aún aumentaría en algo su caudal, llegando a los 200 y los 538 m3/s en ambas ocasiones. Posteriormente la riada se comunicaría al Jarama, que en Mejorada llegó a alcanzar el 11 de enero los 1237 m3/s.

En lo que respecta a Alcalá, en el transcurso de toda la riada (desde el 1 al 17 de enero, ambos inclusive), se calculó que pasaron por el cauce del Henares un total de 222 hectómetros cúbicos, lo que supuso que en algo más de dos semanas el Henares evacuó más de la tercera parte (casi el 37%) del agua que recogió en todo el año. De esa cantidad el 23% procedía de su cuenca alta (Bujalaro), un 26% del Bornova, otro 32% del Sorbe y el resto (19%) de sus otros afluentes.

©José Carlos Canalda Cámara