El ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, recibirá el próximo 1 de diciembre el I Premio ‘Francisca de Pedraza contra la violencia de género’ en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá. El que fuera rector de la UAH en 1624, Álvaro de Ayala, recibirá un diploma de reconocimiento a título póstumo.

Este premio, promovido por la Asociación de Mujeres Progresistas de Alcalá de Henares, con la colaboración de la UAH, nace con el fin de reconocer la trayectoria de aquellas personas, colectivos, entidades o instituciones que destaquen por su compromiso y dedicación en la lucha contra la violencia de género. La concesión y entrega del Premio tendrá lugar cada año en los días próximos al 25 de noviembre, fecha en la que se conmemora el Día Internacional contra la Violencia de Género.

En esta primera edición el jurado ha decidido otorgarlo al expresidente Rodríguez Zapatero, teniendo en cuenta que fue ‘el motor de los cambios y la transformación en España en materia de violencia de género’. En el acta del premio se destaca que el gobierno presidido por él ‘impulsó toda una serie de iniciativas legislativas para erradicar la violencia de género e impulsó los derechos civiles y de la igualdad entre mujeres y hombres, así como la concienciación, prevención y persecución de la violencia contra la mujer’.

El Premio ‘Francisca de Pedraza contra la violencia de género’ se inspira en una mujer alcalaína que en el siglo XVII denunció violencia de género y consiguió la condena de su maltratador y una orden de alejamiento, en una sentencia sin precedentes en la que resultó clave el entonces rector de la Universidad de Alcalá, Álvaro de Ayala. Ahora, la Asociación ha decidido otorgar por unanimidad un Diploma de reconocimiento ‘Francisca de Pedraza contra la violencia de género’ a título póstumo, a este rector, que en 1624, ‘tras tener conocimiento de los hechos sufridos por la alcalaína, escuchar a ella y a los testigos que presenciaron la brutal paliza sufrida por la víctima, por la que perdió al hijo que esperaba, y observar las marcas que años de maltratos habían dejado en su cuerpo, dictó una sentencia ejemplar y pionera por la que Francisca de Pedraza obtenía el divorcio, lo que la permitía no vivir bajo el mismo techo que su maltratador, Jerónimo de Jaras. Además, éste tenía que devolver la dote que recibió el día de su matrimonio y le prohibía hacerle ningún mal, así como acercarse nunca más a Francisca’.