Publicado  en La Información de Madrid el 8 de diciembre de 1994. Escrito por Rosa María García

Ocho familias afrontan su tercer invierno en Las Forjas sin agua y sin luz

   Poco halagüeña se presenta la Navidad para las familias chabolistas del campo de tiro de Forjas. Le piden al nuevo año cuatro paredes entre las que vivir dignamente. Cobijados entre cartones y uralitas, y viviendo en condiciones infrahumanas, ocho familias afrontan el invierno.

Llevan allí casi tres años. Amparo es de raza gitana. Vive con su marido y sus siete hijos en una casucha. “Compartimos nuestra vida con las ratas, que se comen hasta la ropa. Mi marido está enfermo y lo único que podemos hacer es rebuscar en los montones para encontrar chatarra”. El peor trago es soportar las quejas que vienen del colegio. “No tenemos duchas, no se pueden bañar. Procuro que vallan limpios, pero no es igual que si estuviéramos en una casa”, explica.

La familia Martín Cubich, de procedencia húngara, lleva diez años en Alcalá. Siempre en chabolas. Pedro es el patriarca. “Nosotros gitanos no somos, somos húngaros, y además, personas buenas, de buena conducta”, afirma con voz bronca. Los 15 miembros de los Martín Cubich, 11 adultos y cuatro niños, viven al día de la chatarra. Siempre les queda la opción de la limosna. “Es mejor eso que robar, vender droga o matar”, asevera el patriarca. Antes pedían una vivienda al Ayuntamiento. Ahora se conformarían con una caseta prefabricada. “Siempre están construyendo casas y nunca nos toca. Nos dicen que esperemos. Y aquí seguimos, sin agua, sin luz y con ratas”, explican. “El concejal ni siquiera nos ha venido a ver”.

En el Ayuntamiento el problema no pasa inadvertido. Sin embargo, el realojo de las familias de chabolistas en casas prefabricadas no es una posibilidad que el concejal de la Vivienda, José Luis García Graván, vea con buenos ojos. “No estoy de acuerdo en hacer guetos. Suponiendo que tuviéramos dinero, habría que dotarlas de agua, luz, accesos y saneamientos. Y eso lleva más tiempo que el de esperar un poco más”. El edil propone que pidan una vivienda incluida en el plan de choque del IVIMA. Mientras, los chabolistas siguen acudiendo a Cáritas en busca de comida y ropa. Por si el día no se les diera bien, los más pequeños buscan en los contenedores algún jersey o algunos pantalones que, tras lavarlos en una fuente, podrán usar par combatir el frío.