No tuve oportunidad de conocer a Juan hasta hace unos 15 años, creo que demasiado poco tiempo para el gran trabajo que ha hecho.

Lo primero que me llamó la atención de él, fue su mirada, que aunque parapeteada detrás de sus enormes gafas, destacaba por su profundidad.

Desde entonces he coincidido con él en diversas ocasiones. Juan ha sido de esas personas que siempre te hace sentirte mezquino e inferior, porque -al menos yo- nunca jamás seré capaz de igualarle.

Sencillamente Juan, siempre ha sido mejor, mejor que casi todos nosotros, o al menos mucho mejor que yo.

Porque no todos – o casi ninguno- somos capaces de dárselo todo a los demás.

Porque no todos  – o casi ninguno-, sacrificamos nuestra vida por los demás.

Juan era capaz de todo eso y más, y creo que por todo eso, ha sido y siempre será mejor. Si de algo está necesitado mi pueblo, es precisamente de muchos “juanillos”.

Cuando alguien bueno muere, siempre te preguntas porque ha sido él, y no otros que no le llegan – llegamos- ni a la suela de los zapatos.

La vida se nos ha llevado a Juan Luengo.

 

Buena gente que a buen seguro descansará en paz.

 

El Alcalaíno Impenitente