Escrito por Rosa María García y publicado en la Información de Madrid el 30 de Octubre de 1994

Los numerosos altercados de los últimos meses han propiciado un ambiente hostil en las aulas alcalaínas

Los escolares alcalaínos llevan un año ajetreado. El normal desarrollo de las clases se ha visto alterado por puntuales incidentes que han sacado del anonimato a más de un pequeño estudiante. Es el caso de Carlos David, un niño de siete años, alumno de segundo curso del colegio Puerta de Madrid. Sus padres, Marka Fernández y Juan Castro, presentaron el día 24 una denuncia contra su profesor de música con la acusación de “haberle obligado a ingerir una goma de borrar”.

El matrimonio justificó la dramática situación en los supuestos malos tratos que el pequeño asegura haber recibido del mismo docente y de otros alumnos del centro. Después de interrogar a los compañeros de clase de Carlos David, la Subdirección Territorial Este del MEC determinó que el niño no decía la verdad. Aún así, la investigación sigue abierta para determinar si ha existido un comportamiento incorrecto del profesor en el aula. El Puerta de Madrid cuenta ya en su haber con un largo historial de actos vandálicos. Hace dos años, un francotirador anónimo amenazó la integridad física de alumnos y profesores con varios disparos de perdigones.

Una de las mayores intoxicaciones masivas que se recuerdan en Alcalá tuvo lugar en abril de este año en el colegio Arcipreste de Hita. La ingestión de natillas en mal estado en su comedor hizo peligrar la salud de 80 alumnos y obligó al ingreso de cinco de ellos en el hospital Príncipe de Asturias.

 

Mala adaptación

Los problemas de adaptación social también inciden de manera negativa en el normal desarrollo de las tareas escolares de algunos colegios complutenses. Es el caso de los centros Puerta de Madrid y Manuel Azaña, situados ambos en una zona castigada por la delincuencia y la droga, donde se dio un 50% de fracaso escolar en 1993.

El resultado es un ambiente hostil en las clases, especialmente en las de ciclo superior, y una agresividad que toca de lleno al profesorado. En el mes de junio, dos maestras del colegio público Manuel Azaña fueron agredidas por sus propios alumnos: a una de ellas, el agresor la esperó a la salida del centro y, a la otra el estudiante se le reveló en plena clase. De esta manera, salían a la luz pública los serios inconvenientes con los que se enfrenta el colectivo docente para ejercer su profesión: alumnos problemáticos sin interés por las asignaturas, rebelión en las aulas y distorsión de la convivencia escolar.

Las propias instalaciones docentes no se salvan de los incidentes. Robos de material escolar o aprovechar para hacer necesidades son otras de las lindezas con las que se divierten algunos desalmados.

 

LLOVIENDO PIEDRAS (DE CINCO KILOS)

 

A la cadena de incidentes que vienen sucediendo en los colegios alcalaínos en el presente curso escolar se le viene a sumar el producido el pasado lunes, cuando el techo de un aula de preescolar del colegio “Henares” se desprendió dos minutos después de que los niños hubieran terminado las clases. Pudo haber sucedido una auténtica catástrofe, según confesaron a Efe los responsables del centro. Tras la salida de los pequeños, dos profesoras vieron como el techo comenzaba a requebrarse  y a caer trozos de piedra de “entre cinco y seis kilos cada uno”. Julieta Calavia, aparejadora del Ayuntamiento, declaró que todo sobrevino por “una dilatación en las viguetas”