Portada del libro Tres Siglos de Prensa en Alcalá, escrito M. Vicente Sánchez Moltó y José Félix Huerta Velayos y que se encuentra a la venta en la Librería de Javier

El largo fin de semana ha dejado en evidencia dos fracasos, uno a nivel nacional y el otro a nivel local.

El primero de ellos ha venido de la mano de la firma del Rey Felipe VI, que ha dado por concluida la  XI legislatura sin haber llegado a cumplir 6 meses de existencia.

Fracaso a todas luces, fracaso en el diálogo y fracaso en el fondo y en las formas.

Muchos no quieren darse cuenta de que la guerra civil española finalizó el 1 de Abril de 1939 y que el general Franco murió el 20 de Noviembre de 1975, y sí, para muchos los algo más de 40 años recorridos desde entonces , así como la plena institucionalización de España en el contexto internacional, no han supuesto nada. Señalo con el dedo al anterior Presdente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero como uno de esos grandes desconocedores de la historia, y no tengo pudor en marcarle como uno de los revanchistas que sigue buscando y que nunca dejarán de considerar suficiente, el resarcimiento por una guerra entre hermanos en la que nadie debería considerarse como vencedor o perdedor. Mientras no superemos todas esas miserias – que nos mantienen anclados en el pasado- no estaremos preparados para mantener diálogos razonables.

Nuestra clase política sigue utilizando el juego del miedo al otro, del y tú más así como del voto útil, inútil en éste caso. Nosotros como un coro bien preparado les bailamos el agua, y jaleamos sus interpretaciones en el escenario.

Como soy un poco lerdo y mojigato, soy de los que pienso que la celebración de unas nuevas elecciones no es más que un fracaso en toda regla, un fracaso del juego democrático, del juego parlamentario, de la denostada – con toda la razón- clase política, en fin de los cimientos sobre los que se asienta España.

No defiendo en ningún caso la formación de una gran coalición, ni el gobierno de tecnócratas, pero si critico la falta de voluntad y diálogo, por parte de unos y otros, que simplemente han antepuesto sus intereses personales y partidistas frente a los intereses de los españoles.

Dudo mucho de la escasa legitimidad de Rajoy  para situarse a la cabeza de un gobierno de coalición merced a los 123 escaños que le ha otorgado un sistema electoral mojigato y consensuado por los miedos y errores que propició un sistema mayoritario mal hilvanado en Febrero de 1936.

Pero también dudo de la bondad de los pactos interesados y amparados en la voluntad de pisar moqueta que han manifestado muchos que con la boca pequeña habían dicho nunca tejerían.

España, y su sistema democrático necesitan reinventarse en interés de los españoles. Jugamos con la ventaja de que nuestros políticos han quedado marcados como lo que son: “políticos” en el más peyorativo sentido de la palabra.

Como ya he dicho, tampoco defiendo la creación de un gobierno de tecnócratas, pero – como también ya he apuntado- sí que pienso que España necesita un gobierno amparado en el sentido común de los españoles, muy lejos del juego político de los cuatro listos que nos han llevado a la actual situación de crisis económica, corrupción, falta clara de identidad y desánimo en general.

El otro fracaso – el local- es el cierre de Diario de Alcalá. No me gusta hacer leña del árbol caído, y no la voy a hacer.

La finalización abrupta de un proyecto siempre es un fracaso. El proyecto puede ser de muchos tipos, vital, matrimonial, laboral empresarial….. pero una finalización abrupta y no deseada, siempre es fracaso.

Sólo sus gestores pueden conocer las causas reales del cierre, aunque me ha llamado la atención los escasos reproches que el lacónico comunicado de despedida dedica al actual tripartito en el gobierno municipal,  tripartito que ha sido objeto de los dardos editoriales – acertados o no- del Diario de Alcalá durante los últimos meses.

Diario de Alcalá surgió a finales del mágico verano de 1992– coincidiendo con el inicio de las fiestas locales de ese año-, – auspiciado en la sombra por un ahora denostado Florencio Campos- buscando desequilibrar la hegemonía mediática del también ahora vilipendiado Puerta de Madrid de Sandalio San Román.

Aurelio Delgado fue entonces la pieza clave sobre la que se construyó un proyecto -en el que los actuales gestores de la cabecera, poco o nada tenían que ver- al que fueron convocados – económicamente hablando- muchos complutenses.

Desde entonces Diario de Alcalá fue evolucionando al rítmo que le marcaron los tiempos, así como los intereses del editor de turno, y ahora, casi 25 años después se ha convertido en otra cabecera más de las que ha quedado en el camino formando parte de  la historia de la ciudad. La Cuna de Cervantes (1875), El Heraldo Complutense (1879), El Complutense (1884), La Gaceta Complutense (1886) o El Eco de Alcalá (1887), así como otras muchas , ven como el Diario de Alcalá se suma a su nómina de ilustres históricos de la ciudad, que a buen seguro serán glosados por Félix Huerta y Vicente Sánchez Moltó.

Sólo el tiempo nos permitirá conocer si segundas partes son buenas, y Diario de Alcalá resurge de sus cenizas.

 

Más de lo mismo,

Tenemos lo que nos merecemos.

El Alcalaíno Impenitente.