Y está sucediendo: ‘se tiende a pensar que, por el hecho de tomar algún tipo de alimento funcional elaborado, se puede dejar un tratamiento farmacológico o comer de todo. Eso es completamente erróneo. Sirven, claro, como ‘ayuda complementaria’, pero nunca puede ser un sustitutivo de un medicamento o de una alimentación recomendada para la dolencia de la que se trate. En resumen, que alguien que tenga colesterol no puede tomarse el complemento lácteo rico en fitosteroles y luego comer de todo. Hay que tener cuidado, porque eso se está convirtiendo en un problema’, señala Aguilar.

Un 69% de los hogares españoles declaran consumir alimentos funcionales, según Aguilar, pero ¿qué son alimentos funcionales?: ‘Son aquellos alimentos que se consumen como parte de una dieta normal y contienen componentes biológicamente activos, que ofrecen beneficios para la salud y reducen el riesgo de sufrir enfermedades. Por lo tanto, alimentos funcionales  pueden ser alimentos naturales. El tomate, rico en licopeno, es un alimento funcional maravilloso y no hay que añadirle ningún componente ‘extra’’, añade la experta.
No obstante, lo que el consumidor conoce como alimento funcional es un producto alimenticio al que se modifica tecnológicamente con un fin último: que la ingesta produzca efectos beneficiosos para la salud. A algunos se les elimina algún componente (como nutrientes energéticos en los productos light), a otros se les añaden minerales o vitaminas (como los zumos enriquecidos  en dichos nutrientes), o microorganismos vivos (probióticos); en otros casos se juega con la biodisponibilidad de alguno de los nutrientes o  bien pueden ser una combinación de todos ellos.

 

En España, durante el año 2011, los consumidores se gastaron unos 3.000 millones de euros en alimentos funcionales, según informa la experta. Los hay de todas las clases hasta completar una lista de más de 200 productos comercializados, casi todos ellos dirigidos al tránsito intestinal, pero también para reducir los niveles de colesterol, para disminuir el deterioro cognitivo, para prevenir el envejecimiento…

La pregunta es ¿son necesarios los alimentos funcionales? La respuesta de Victorina Aguilar es que el consumo de este tipo de productos no es necesario si se ingiere una dieta saludable, como la dieta mediterránea, con productos estacionales; se practica actividad física y no se consumen drogas.
La experta de la UAH en Nutrición concluye que el aumento del consumo de este tipo de alimentos y de otros, como los nutracéuticos –concentrados de origen natural de ingredientes funcionales comercializados bajo formas farmacéuticas-, superalimentos –alimentos naturales con alta concentración de nutrientes o componentes que son beneficiosos para la salud- o los productos dietéticos es comprensible en una sociedad como la occidental en la que el concepto de ‘alimentación  adecuada’ –aquella que proporciona  la cantidad y la cualidad de los alimentos para cubrir nuestras necesidades básicas con el fin de evitar  y tratar enfermedades carenciales- ha derivado hacia un concepto mucho más complejo, la ‘alimentación óptima’: ‘la alimentación ya no es solo una necesidad básica, es además un acto en el que ingerimos los componentes necesarios que nos ayuden a prevenir patología crónicas degenerativas de base nutricional,  ya que cada vez somos más conscientes de que una adecuada alimentación nos ayuda a vivir más y mejor’, indica la profesora.
Por eso, cada vez más, nuestra alimentación también es una forma de medicación. Aunque eso no lo hayamos descubierto ahora, porque ya lo dijo Hipócrates…