Escrito por Rosa María García y publicado en la Información de Madrid el 1 de Octubre de 1994.

Ser archivador tiene, entre otras ventajas, la de estar rodeado de historia y cultura. Son los estudiantes e investigadores quienes, con mayor frecuencia, aprovechan el legado que ha ido dejando el hombre a través del soporte gráfico.

Para estrechar los lazos, el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares celebra, desde ayer hasta la tarde de hoy, una jornada de puertas abiertas; iniciativa que, a instancia del Consejo de Europa, será seguida en todos los Archivos Generales europeos.

Se pretende que cualquier persona, aunque no tenga contacto directo con el mundo del archivo, conozca las instalaciones, la labor de los archiveros y los servicios que prestan a los vecinos. Los documentos tienen valor por sí mismos, como parte de un museo al que acuden sus visitantes. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la documentación sobre la época franquista, que permanece en los depósitos del Archivo General complutense: guiones de películas, obras de teatro y libros.

 

Joyas decimonónicas

Según resalta María Luisa Conde, directora del archivo de Alcalá de Henares, se recoge fundamentalmente “toda la segunda mitad del siglo XIX y el XX: la sección femenina, las censuras, los medios de comunicación social del Estado, con su formato fotográfico, por citar algunos ejemplos”.

En Alcalá se encuentra guardado también el documento original de la Constitución de la República de 1931, firmado por Besteiro, junto a expedientes de oposición a maestros o a catedráticos, entre los que se halla el de Antonio Machado. “Pero también está el expediente del ciudadano oscuro, que tiene el mismo interés porque ha llevado sobre sus espaldas el peso de la sociedad en un momento determinado”, matiza Luisa Conde. A su entender, el individuo es más importante que los personajes famosos impresos en la historia.

Hasta el último detalle pueden observar los visitantes: las medidas de control y de prevención de deterioro del soporte gráfico, cómo se consigue mantener intacto un pergamino de la humedad, el polvo, las bacterias, los robos y, el mayor de los problemas, los incendios. El ocurrido en 1939 en el que fuera el antecedente del actual Archivo General fue especialmente dañino. “En Madrid se conservan documentos del siglo VIII”, recuerda Conde. “Hay que pensar que el legado de nuestros antepasados es el patrimonio que tenemos que dejar a las generaciones que vienen”.