‘Hace 30 años que las políticas educativas en España se modifican al mismo ritmo que cambian los gobiernos. Eso, unido a los malos resultados seculares del informe PISA de la OCDE y los altos índices de fracaso escolar, convierte a la educación en un problema estructural de la economía española, porque la educación siempre es un factor que impulsa el crecimiento y, si juega en contra como es el caso, es un problema serio’. Así lo considera el director del Instituto de Análisis Económico de la UAH, Tomás Mancha. Estos días, el PSOE presenta en el congreso una Proposición de Ley que pide la suspensión del calendario de implantación de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (Lomce).

Cuando se han cumplido los 100 días sin gobierno efectivo en nuestro país, Mancha considera que España está ‘en un contexto regional e internacional positivo que favorece el crecimiento’. Él denomina ‘vientos propicios’ a asuntos de relevancia global como la caída del precio del petróleo, la política monetaria de la Reserva Federal de EE.UU., la decisión del BCE de dejar a cero los tipos de interés, una medida que garantiza dinero barato y abundante, o la suavización de la senda de la política fiscal de la UE en relación con el cumplimiento de los compromisos en materia de déficit público…

No obstante, advierte que la economía nacional también tiene en su contra ‘vientos de cara’, como la situación de la educación, que sufre cambios legislativos permanentes desde el inicio de la democracia, sin que prospere ninguna propuesta de consenso entre los distintos actores; o como la demografía, otro problema estructural de la economía que no tiene visos de resolverse a medio plazo: en este país la tasa de fertilidad es ligeramente superior a 1, y eso acarreará un descenso en la población. ‘Vamos a perder población, lo que significa perder capacidad de crecimiento económico. Por razones obvias,  esto no se cambia en 3 años, lo que supone una dificultad añadida’, señala Mancha.

Otro viento de cara es lo que algunos ya denominan ‘el estancamiento secular de Europa’. ‘Europa tiene menos capacidad de crecimiento y eso nos condiciona, porque el 80% de lo que exporta España lo hace a nuestros socios europeos’. En este sentido, parece que no se perciben vientos de cambio, sobre todo teniendo en cuenta que, según las previsiones, en el año 2050 el centro de gravedad económico estará en Asia. ‘China y la India gobernarán el mundo a nivel económico y eso puede ser un problema para las empresas españolas, que exportan muy poco aún a estos países’.
Y algo que afecta especialmente a España, la desigualdad, también es un viento de cara. ‘Tenemos 8 millones de pobres y la pobreza está motivada, es evidente, por el alto nivel de desempleo. Es cierto que siempre hemos sido un país con un caso típico de ‘histéresis’, es decir, se acumula la tasa de paro de un período determinado como paro habitual para el período siguiente, es como si el desempleo del pasado retroalimentara el desempleo del presente…Y en la medida que esto no cambie, nuestra capacidad de crecimiento estará disminuida’.

Finalmente, como consecuencia de la crisis, España tiene un elevado índice de endeudamiento. ‘Las familias y las empresas están amortizando sus deudas, pero el sector público no ha llegado aún a su techo. El problema que tenemos, además, es que la mayor parte de la deuda es externa, y eso genera desconfianza, porque la solvencia de un país está en su capacidad de crecimiento’, agrega el director del Instituto de Análisis Económico de la UAH.