Escrito por Rosa María García y publicado en la Información de Madrid el 3 de Mayo de 1994.  

“Los expositores de la XIII Feria del libro de Alcalá de Henares, ante la evidente de la devaluación de la misma como consecuencia de su deficiente ubicación en la Plaza de los Santos Niños, declaran que se devuelvan a la feria y Alcalá lo que ambas merecen: su antigua ubicación en la Plaza de Cervantes. En caso contrario, y debido a las pérdidas obtenidas, no veríamos obligados (con profundo pesar), a renunciar a asistir en los próximos años a una de las ferias más prestigiosas de toda España”, aseguran.

Traslado

Este ha sido el primer año que la Concejalía de Cultura decidió trasladar la Feria del Libro de la céntrica Plaza de Cervantes a la de los Santos Niños. La consecuencia más directa del cambio ha sido la disminución de la venta de libros en casi un 80 por ciento en relación al pasado año. Para Martín Velásquez, de Libros Velásquez, la razón de este descenso tan espectacular en las ventas es tan sencilla como que “el 80 por ciento de los alcalaínos no se ha enterado de que estábamos aquí”.

Los expositores consideran que no se le ha dado a esta edición de la feria la importancia que requería, máxime al cambiar de emplazamiento después de tantos años en el mismo lugar; y eso ha provocado, incluso, situaciones paradójicas. “Tenemos clientes que todos los años nos visitan. Esta vez, algunos de ellos nos han llamado por teléfono preguntándonos que cuando comenzaba la feria. ¡Llevábamos siete días con las casetas abiertas al público!”, exclama Enrique Castro, de Editorial Planeta.

En el caso del Instituto Gallá, Dolores García tuvo que recurrir a buzonear 5.000 cartas para que padres y profesores se acercasen a sus casetas a conocer un nuevo libro sobre la LOGSE. Sin embargo, el puente de mayo echó por tierra sus expectativas y optó por irse.

El cambio de ubicación y la escasa publicidad ha impedido que los vendedores cubran los gastos mínimos, esto es, las 70.000 pesetas del importe de la caseta. Además, por si fuera poco, varias casetas fueron desvalijadas en el transcurso de tres noches consecutivas.

En el último de los robos el botín fue un televisor, un vídeo, 15 cintas de vídeo, 4 tomos de cocina y otros tantos de historia del arte; todo ello valorado en 167.000 pesetas. Los expositores han esperado desde el primero al último día  de la feria a que un vigilante de seguridad velara por sus casetas por las noches, para evitar lo que al final ha sido inevitable.