* Por Miguel Angel López

El problema no se produce porque falle el sistema. Lo que fallan son los políticos, responsables directos de esta catástrofe económica que no están confeccionados para pensar en otra cosa que no sea tomar el poder, aunque sea por la fuerza. Recuerden: “Sólo haremos la revolución si no nos votan”. La historia se repite una y otra y otra vez, y al parecer así vamos a seguir. Aunque para ser sinceros, la sociedad civil ha sido siempre cómplice de sus depredadores, emitiendo un silencio y exponiendo una ignorancia que deja en entredicho si nos merecemos  la vida que nos fue regalada.

La situación en la que estamos es simplemente insostenible: 14.500.000 nóminas publicas por 14.500.000 nóminas privadas. Es decir: las empresas privadas están pagando por cada trabajador la manutención de varias familias más, pero como  no es posible por el riesgo de rotura del sistema económico esquilmar más a estas sociedades para pagar   tantos millones de nóminas improductivas, pues entonces pedimos préstamos –uno tras otro- hasta el punto de llegar a deber el P.I.B. de un año entero. Por si alguien no sabe cuál es la cantidad de la  estoy hablando, se lo resolveré de forma sencilla: cada uno de nosotros, sin excepción, tiene una deuda   de 21.900 € a día de hoy.

El Estado lo conformamos cada uno de los ciudadanos españoles -47 millones de seres humanos- y cada uno de ellos debe –pueden estar seguros- la cantidad antes mencionada.

¿Y a partir de ahora qué va a pasar? Pues la verdad es que lo tenemos complicado.

Si tenemos en cuenta que vivimos en un país cuyo tejido empresarial es de 3.100.000 empresas y el 83% de ellas tienen entre 0 y 2 empleados.

Si tenemos en cuenta que el 93% de las empresas son pymes.

Si tenemos en cuenta que cada empleado le cuesta a su empresa una media de 2800 €.

Si tenemos en cuenta que gran parte de esas empresas se están manteniendo con lo justo o están poniendo dinero para intentar desesperadamente resistir al cierre.

Si tenemos en cuenta que nuestras empresas no pueden competir con aquellas cuyos costes laborales y fiscales son infinitamente inferiores.

Si tenemos en cuenta que las tasas e impuestos que cargan a cada emprendedor para sacar a la luz una nueva empresa son imposibles de asumir.

Si tenemos en cuenta que las normativas y la interpretación de esas normas se toman siempre por parte de los técnicos en contra del único que quiere arriesgar el poco dinero que le queda para aventurarse a emprender una nueva empresa.

Por tanto, si tenemos en cuenta todo esto, está claro que esto durará lo que dure la gilipollez y la fantasía de aquellos que aún sigan atreviéndose  a poner en el mercado un nuevo despacho al que la Administración pueda sacarle el poco dinero que le quede.

Ojalá me equivoque, pero si algún día a todos estos emprendedores de poco pelo, de medio pelo o de gran melena les diera, aunque fuera de forma casual, por encontrarse de frente con la sensatez, no tengo ninguna duda de que gran parte de ellos empezarían a cuestionarse si el riesgo y la responsabilidad que han asumido en la sociedad es reconocido por alguien.

Arriesgar el poco o mucho dinero que uno pueda tener para montar una empresa que a la postre, si no se arruina, generará el dinero que todo lo paga, no es algo que la mayoría esté dispuesta a hacer. Por tanto, mi respeto, mi agradecimiento y mi reconocimiento para todos aquellos que aún se atreven a intentarlo.

Deberíamos preguntarnos: ¿Por qué no nos informa nadie de todo esto?

Imagino que tendrán sus motivos, aunque seguro que el más fuerte es el miedo.

Prefieren que sigamos viviendo en la ignorancia a que sepamos que la Seguridad Social o la enseñanza no son gratuitas. Prefieren que no sepamos cómo se pagan y quiénes las pagan. Prefieren que el goteo haga su trabajo, y sus defensores vayan dando cifras medio falsas donde los nuevos empleados cobren un sueldo, aunque este sea muy inferior  al que tenían antes, o que sus contratos sean de una semana o un mes, porque saben que las empresas no pueden asumir las mismas cargas que tenían antes del 2008. Prefieren pensar que la ciudadanía está compuesta por personas adultas con mentalidad adolescente, que carecen de memoria. Prefieren que ese goteo vaya disolviendo como un azucarillo a todos aquellos que exigen responsabilidades.

En fin, espero y deseo que hayan entendido, al margen de si pertenecen a ese grupo de 3 millones de empresarios, o al de 11,5 millones de empleados de estos, o a los 14,5 millones de sueldos públicos, que lo importante es comprender cuál es la ubicación de cada uno de nosotros; entender que los unos sin los otros no somos nadie, y sobre todo tener claro que todos, sin excepción, pertenecemos a la raza humana. Ayudémonos. Si estamos un poco más próximos tendremos más posibilidades de salir adelante.

Hasta pronto.