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* Por Luis Vargas Méndez            

En estos días de precampaña electoral, me ha llamado poderosamente la atención la entrevista concedida por Esperanza Aguirre al Diario Británico “The Telegraph”. La presidenta del Partido Popular de Madrid se declara en esta entrevista “una gran admiradora de los políticos y del sistema electoral británico”, porque según ella, “este sistema es el mejor en trasparencia y medidas preventivas reales contra la corrupción”.

Yo también me considero un firme partidario del sistema electoral británico y anglosajón en general,  y ciertamente creo que admite poca comparación con la pseudo-democracia que campea en nuestro país.

Resulta vergonzoso conocer cómo los partidos políticos españoles confeccionan las listas electorales. Creo que no es menos vergonzoso escuchar grabaciones efectuadas en la esfera personal de una persona y que luego son aireadas como el que no quiere la cosa.

Desconozco la opinión generalizada sobre la elección de candidatos, y tampoco entro en valorar si el “sistema de primarias”, es más democrático que el del “dedo divino”. Con sinceridad, creo que lo realmente importante es la “Democracia Real”, democracia que en palabras de Antonio García Trevijano, es la que se caracteriza por ser representativa, así como por desempeñar un mandato imperativo y revocatorio.

            Las primarias no dejan de ser una construcción de marketing político, pues al final, todos los partidos, los de la “casta” y los “silvestres”, terminan haciendo de su capa un sayo; en el Partido Popular las cosas son: “porque lo digo yo y punto”; en el PSOE: “donde dije digo ahora digo Gabilondo”; en Ciudadanos: “donde estatutariamente se requiere una antigüedad de seis meses en la militancia, se pone la alfombra roja a la Sra. Villacis resultando más estético que ético”, pues al final sale “lo que tiene que salir”, siendo el segundo con más votos el número cinco de la lista.  También en este Partido – Ciudadanos- los candidatos son presentados como listas en grupo cuando estatutariamente deberían ser listas individuales. No se puede pedir mucho más cuando es el propio Partido naranja el que presenta como un novedoso Programa electoral un resumen del libro “Dilema de España” que el Sr. Garicano (profesor de la London School of Economic, donde se fraguó la tercera via de Tony Blair) publicó hace ahora un año.

Desconozco el camino de Podemos o Ganemos o Somos de aquí o de allá, y si es el Sr. Iglesias, el defenestrado Monedero u otro quien corta el bacalao; y con IU pues lo de siempre, debate, asamblea y un problema para cada solución.

Decía anteriormente que la democracia debe ser representativa y ello implica un diputado en un distrito, dividan Vds. Alcalá en veintisiete distritos electorales y deje que elija al Concejal de mi Distrito como tenga por conveniente. En definitiva candidato será aquella persona que cumpla unos requisitos iníciales de avales, preparación, antecedentes o lo que legalmente se determine y que después de pelearse por el voto, sea elegido por sus vecinos, con independencia de que ese concejal sea o no el ojito derecho del mandamás de turno.

Una vez elegido será responsable de su gestión y como los “british”- que tanta admiración le causan a Doña Esperanza Aguirre- se trabajarán su distrito y no al jefe del partido. Además tampoco tienen que ser tantos los políticos electos -a modo de ejemplo, en los EEUU con una población de 320 millones de habitantes, eligen a cien senadores (dos por estado) mientras que en España con cuarenta y ocho millones -7 veces menos que en EE.UU-, disfrutamos de 266 senadores que por supuesto no paran de trabajar en pos de nuestro bien común-.

Doña Esperanza también admira de los británicos su “Trasparencia”; yo también, pero he de decir que  no solo en el ámbito político sino también en el ámbito judicial.

Es más pienso que el plan de acción contra la corrupción debe asentarse en un trípode:

            En primer lugar, la EDUCACION entendida como conjunto de valores y de responsabilidad, ¿qué es lo que hace dimitir a un ministro que copio en su tesis doctoral? o ¿dimitir por pagar sin factura? o ¿por excederse en el cobro de unas dietas?, frente a otros que con medio gobierno imputado no saben nada, o se olvidan de actualizar sus registros de intereses confundiendo lo público con lo privado, o viajan a costa del contribuyente. Como decía Santa Teresa de Jesús, no se sabe quien peca más si el que paga por pecar o el que peca por la paga.

            En segundo lugar la TRASPARENCIA: Doña Esperanza Aguirre también se admira de que el alcalde de Londres, Mr. Boris Johnson,  publique en su página web los lugares en los que almuerza, la gente a la que invita así como el dinero que gasta en comidas, y lo califica como  “verdadera trasparencia”. A mí me sorprende que mi Alcalde visite una cafetería en compañía de un respetable empresario para enterarme días después que ese mismo empresario, ha solicitado la revisión de una adjudicación publica por  “el desequilibrio económico de la concesión”, y es que como dice Julio Anguita: trabajen ustedes en los despachos, y coman en sus casas y yo añado: su salud y la familia se lo agradecerán.

            Por último y en mi opinión se debe aplicar, como en los sistemas políticos anglosajones, la LIMITACION DE MANDATOS: si bien es cierto que siempre existirán precoces capaces de aprender en dos años lo que otros tardan veinte, creo importante no perpetuarse en los cargos públicos para no volverse acomodaticios.

En definitiva hace falta sangre nueva con independencia de la edad biológica, que aporte ideas y bríos nuevos, pues ya lo decían los clásicos: “el poder corrompe al que lo tiene y desgasta al que no lo tiene”.

Comparto también la idea de García Trevijano al definir la democracia como “unión de Liberalismo y Separación de Poderes”. Montesquieu se refería fundamentalmente al poder Ejecutivo y Legislativo; el poder Judicial apenas debe tener poder, pues como poder político ha de ser nulo y solo entendido no como poder sino como “autoridad” plasmada como la potestad de juzgar, aplicando la ley y no inventando interpretaciones en su jurisprudencia, que se alejan de la voluntad del legislador y de las demandas de la sociedad.

            La técnica legislativa cada vez olvida más la Exposición de Motivos que prologa las leyes, que además de ser la única licencia literaria que se puede permitir el legislador, debe ser la orientación y guía de lo que se busca y pretende con la norma en cuestión  y de cómo debe interpretarla el Juez.

En fin el Poder Judicial lo dejaré para otra aportación con la que ya amenazo al amable lector.

Luis Vargas Méndez es abogado.