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Fotografía: Ricardo Espinosa Ibeas. Prohibida su reproducción total o parcial sin el consentimiento expreso del autor.

Estimados lectores:

Mi opinión sobre el parquecito de Espartales ha sido el último granito de arena tratando de poner un poco de sentido común en esta jaula de grillos que es la política local de Alcalá de Henares.

Faltan poco más de tres meses para las elecciones municipales, y considero que mis modestas opiniones pueden interpretarse de forma errónea de alguna u otra manera, y que unos y otros las pueden utilizar tanto en beneficio propio, como en perjuicio del ajeno.

No es mi voluntad, y por eso creo que tengo que irme por donde he venido y de la misma manera: sin hacer ruido y sin acaparar focos. Como cualquier españolito de a pie tengo nombre y dos apellidos, y mi vida es muy muy normalita – unicamente edulcorada por mis viajecillos- y sin “sobresaltos” relevantes. He leído e incluso escuchado alguna – o todas- de las leyendas urbanas que sobre mi figura circulan por ahí; ninguna de ellas es acertada y con sinceridad, me he partido la caja de risa. Como digo, soy muy de estar por casa y lamentaría mucho que las anécdotas de mis viajes – todas ciertas y con las que con frecuencia ilustro mis letras- puedan aportar una imagen diferente de lo que realmente soy. Con sinceridad, creo que soy bastante gañancete, pudiendo ser el vecino del cuarto, el taxista o el carnicero de la esquina….. Es lo de menos, soy un complutense más.

Desconozco si tras el 24 de Mayo tendré ganas o fuerzas para seguir juntando letras; de momento pasaré una temporada en los cuarteles de invierno buscando tener una perspectiva lo suficientemente amplia y objetiva sobre los cambios que se avecinan en el consistorio. Si en Junio me decido a juntar letras nuevamente, lo haré con la misma ilusión que he empleado hasta ahora.

Me voy con un regusto amargo por varias razones:

En primer lugar, he visto cómo una a una las listas que se renuevan de cara al 24 de Mayo, lo hacen con los mismos – o casi los mismos- componentes con los que han – en la mayor parte de los casos- remoloneado hasta ahora. ¿Renovación?¿Regeneración?: ninguna. Falta por saber lo que hará el Partido Popular, pero si no hay sorpresas de última hora – que dicho sea de paso, siempre puede haberlas y si no que le pregunten a Tomás Gómez- , no habrá grandes cambios, salvo por la irrupción de nuevas formaciones políticas.

Cierto también, que la clase política local respirará aliviada por la marcha de este impenitente toca cojones , que hace precisamente lo contrario de lo que hace la clase política: dice lo que hay que decir sin morderse la lengua, y cuenta lo que los políticos no quieren escuchar – evidentemente el anonimato juega una baza a mi favor en este aspecto, porque si unos y otros le hubiesen puesto jeta a mi cara, otro gallo me hubiese cantado-

También he pretendido infructuosamente que esa obra de teatro que se representa en la Plaza de Cervantes el tercer Martes de cada mes, se hiciese de cara a los vecinos, pero creo que en eso, también he fracasado. Si nada lo remedia, el Consistorio seguirá siendo el escenario en el que se interpretará un vodevil diseñado y representado en buena medida por los mismos actores que hasta ahora no han sabido ganarse el respeto de una platea, que presenciará una obra de teatro que se hace de espaldas al público, y el público somos nosotros.

En mi ácrata sentir de la vida, siempre he considerado que la tolerancia y el diálogo deben ser parte indisoluble del juego político; creo que también he fracasado en eso, porque la política Complutense se ha convertido en un Western barato en el que cada uno pega los tiros en el sentido que le interesa, buscando perpetuarse en la poltrona. Como ya he dicho, no he conseguido ni la tolerancia ni el diálogo, aunque según están las cosas,  dudo mucho que lo hubieran podido conseguir otros.

Pero me queda la tremenda satisfacción de haberme encontrado con todos vosotros cada vez que he juntado mis letras y publicado los exabruptos que éstas han dado de sí, y ya sólo por eso, ha merecido la pena el poco tiempo que he invertido durante los casi tres años que he estado dando el coñazo, escudriñando la letra pequeña de la polítiquilla local.

Desde aquí quiero agradecer a todos los que habéis apoyado mis opiniones, así como la difusión que de ellas habéis hecho, y espero que siempre lo hayáis hecho con la misma voluntad buena Fé e ilusión que yo he empleado: que redunde en beneficio de Alcalá de Henares.

También quiero pedir disculpas a todos aquellos que puedan haberse sentido violentados o heridos por mis –muchas veces- punzantes letras, – nunca lo he hecho con la voluntad de hacer daño- pero también quiero felicitar a aquellos que se han sentido halagados o reconfortados– que también los ha habido-.

Entiendo que cualquiera que haya seguido mis escritos, ha podido entender que para mí, mi pueblo, es lo más grande del mundo- bueno también hay otras muchas cosas importantes en la vida-, y confío en que si me habéis leído, habrá sido porque para vosotros, Alcalá de Henares, también representa algo especial.

Espero que lo siga siendo.

Me despido sin utilizar mi habitual y petulante tenemos lo que nos merecemos, sencillamente:

¡¡¡Hasta siempre!!! 

El Alcalaíno Impenitente