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José Carlos Canalda estudia las panorámicas de Alcalá de Henares aparecidas durante el s. XIX.

Aunque son varias las vistas panorámicas de Alcalá que han llegado hasta nosotros, la más conocida de las cuales -y también la más antigua- es la de Anton Van den Wyngaerde de 1565, sin desmerecer a ninguna de ellas pienso que una de las más interesantes es la que apareció publicada en 1862, en forma de grabado al cobre, en la edición del Quijote realizada por José Gil Dorregaray e impresa en la Imprenta Nacional. Publicado en tres volúmenes, incluye en el tercero de ellos la Vida de Cervantes de Vicente de los Ríos, impresa por vez primera en la edición del Quijote de 1780 de la Real Academia de la Lengua, acompañada en esta ocasión por varias ilustraciones alusivas a la vida del escritor alcalaíno, entre las que se cuenta la citada vista de Alcalá.

La novedad de esta ilustración es que procede no de un dibujo sino de una fotografía, toda una innovación para la época ya que la fotografía más antigua conocida en España data de 1839, poco más de veinte años antes, al tiempo que esta fotografía debe de ser probablemente una de las más antiguas de Alcalá junto con las de Ángel María de Barcia, contemporáneas suyas. Quizá pueda llamar la atención el hecho de que el editor, en vez de publicar directamente la fotografía, lo hiciera con un grabado obtenido a partir de ella, pero esto tiene su explicación: mientras la técnica de la calcografía, grabado en cobre o aguafuerte, que de las tres maneras se la conoce, contaba entonces con un grado de perfeccionamiento notable, no ocurría lo mismo con las reproducciones fotográficas, ya que para éstas había que recurrir al fotograbado desarrollado apenas unos pocos años antes, a finales de la década anterior. No obstante, resulta curioso comprobar que una de las ilustraciones realizadas ex-profeso para esta edición -para el resto se utilizaron las planchas de la ya citada edición de 1780-, concretamente la de la casa de Medrano en Argamasilla de Alba, sea un fotograbado, todo un alarde para la época, mientras el resto son, o bien litografías -las dos páginas de documentos que reproduce-, o bien grabados en cobre de los cuales no sólo la vista de Alcalá, sino también la estatua de Cervantes de Madrid y la casa de Cervantes de Valladolid, probablemente proceden también de fotografías. Las dos calcografías restantes, por último, reproducen sendas escenas de la vida de Cervantes -la batalla de Lepanto y su cautiverio en Argel- fruto de la imaginación de sus dibujantes.

El grabado de Alcalá aparece firmado por Martínez; aunque aventura el autor de la ficha que lo acompaña que pudiera tratarse de José Martínez de Castro, este grabador estuvo activo, según datos recogidos de la Calcografía Nacional, entre 1795 y 1819, lo que hace imposible que pudiera tratarse del mismo. En la parte superior del dibujo aparece escrito el nombre de la ciudad, mientras en la inferior se lee “Patria de Cervantes. Vista tomada desde el Cerro del Ángel”.

Ahora, bien, ¿cuál es la fotografía que sirvió como base para el grabado? Ésta fue tomada hacia 1860 por el fotógrafo francés Jean Laurent (1816-1886), que tras asentar su residencia en Madrid en 1843 comenzó su carrera como fotógrafo en 1855, alcanzando un gran prestigio -llegó a ser el fotógrafo oficial de Isabel II- y dedicándose a recoger en sus negativos gran cantidad de monumentos españoles, muchos de ellos ya desaparecidos, así como retratos y escenas populares. Huelga decir que el archivo fotográfico de Laurent constituye una documentación gráfica de excepcional para conocer a la España decimonónica. Aunque el grueso de sus negativos, cerca de 12.000, se conservan en la Fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural de España formando parte de la colección Ruiz Vernacci, el resto está repartido entre diversas instituciones tales como el Palacio Real de Madrid, el Museo Municipal de Madrid, el Fondo Fotográfico de la Universidad de Navarra, la Biblioteca Nacional de España, el Museo del Prado, el Museo del Ferrocarril de Madrid o el Instituto del Patrimonio Cultural de España, así como en varias instituciones extranjeras.

La vista está tomada, efectivamente, desde el Campo del Ángel, aproximadamente a la altura de la entrada del instituto Antonio Machado o quizá un poco más hacia el este, en los jardines donde se alza actualmente la Cruz del Siglo; resulta difícil determinar el lugar exacto, dado que los edificios que se alzan entre el talud y la vía, así como los vecinos al paseo de la Estación tapan por completo la perspectiva.

Basta con comparar ambos documentos gráficos para constatar su afinidad, aunque si nos fijamos con cuidado descubriremos varias diferencias interesantes. Para empezar, y aunque el perfil de la ciudad es idéntico, llama la atención que tanto el edificio de la estación -demolido en la década de 1980- como el depósito de agua que aparece a la derecha están desplazados hacia la izquierda en relación con los situados tras ellos, y asimismo desaparece en el grabado un edificio que no logro identificar, con frontón triangular y tres amplios portalones, quizá una cochera para los vagones. Asimismo, los prosaicos campos arados que aparecen en primer término en la fotografía han sido sustituidos por un terreno más silvestre. Puesto que la línea férrea había sido inaugurada en 1859, tanto ésta como la estación eran una novedad absoluta en el paisaje urbano alcalaíno en el momento en el que fue tomada la fotografía.

Pero lo más interesante de la fotografía es, sin duda, lo que se aprecia del casco antiguo de Alcalá recortado sobre el perfil de los cerros, con un paseo de la Estación recién trazado que discurre entre terrenos todavía vacíos, ya que todavía no habían construidos ni el Hotel Laredo ni el colegio de las Adoratrices, los dos edificios más antiguos que se conservan hoy en día. De izquierda a derecha podemos ver la parte trasera de la imponente mole del colegio de Jesuitas, de la que sobresale una torrecilla, hoy desaparecida, que pudiera ser un reloj; la iglesia del colegio, actual parroquia de Santa María, con la torre de la capilla de las Santas Formas y el cupulín de su sacristía; la fachada trasera del Colegio del Rey, con la parte superior de uno de sus torreones sobresaliendo por encima del tejado, y por último, cerrando la manzana, el edificio del colegio de León.

Sobre los tejados de este último aparece lo que parecen ser los andamios del cuartel de Lepanto, entonces en construcción sobre el solar del convento de San Diego, demolido poco antes; pero puesto que su altura parece excesiva en relación con la del edificio actual, quizá pudiera tratarse de la torre de la iglesia del convento, todavía a medio demoler. Siguiendo con nuestro recorrido, nos encontramos con el torreón de San Pedro y San Pablo, la inconfundible fachada de la Universidad, la espadaña de San Ildefonso, la parroquia de Santa María con la capilla del Oidor y, detrás de ella, las dos torres del colegio de Málaga. Más a la derecha aparece el colegio de los Trinitarios, y justo donde termina la fotografía se vislumbra el borde del tambor de la torre de las Juanas, ya desmochada. Es una lástima que Laurent no hiciera una segunda fotografía que complementara a la anterior, ya que quedan fuera de ésta edificios tan importantes como Caracciolos, las Agustinas, la Magistral, la parroquia de Santiago, el convento de la Madre de Dios -actual museo-, todavía con su torre intacta, las Bernardas o el Palacio Arzobispal y las murallas.

Edificios desaparecidos 1. Andamios de la torre de San Diego, o del Cuartel del Príncipe 2.- Iglesia del colegio de San Agustín 3.- Colegio de San Eugenio, o San Ambrosio

Todavía quedan cosas interesantes que ver. Justo detrás de la fachada de la Universidad, y un poco a la derecha, se aprecia el perfil de una iglesia con el típico torreón cuadrado, con tejado a cuatro aguas, que protegía a la cúpula. Por su situación debe de tratarse de la iglesia del colegio de San Agustín, situado entre el colegio de Málaga y la calle de Santo Tomás. El edificio llegó muy maltratado hasta nuestros días, con la iglesia totalmente desmantelada y la cúpula y su torreón desaparecidos, hasta el punto de estar irreconocibles, y tras ser sometida ésta a una intervención innecesariamente agresiva, es hoy sede de los Juzgados. Por último, si nos fijamos en la parte intermedia entre el torreón de San Pedro y San Pablo y la fachada de la Universidad, pero a un nivel inferior y por encima del tejado de la estación, veremos un edificio con frontón triangular y un óculo circular abierto en él. Puesto que está al lado de la fachada lateral del colegio de León parece tratarse del antiguo colegio de San Eugenio (posteriormente de San Ambrosio), que ocupaba la esquina de la calle de Nebrija justo donde ésta dobla en ángulo recto, y del cual no queda hoy el menor vestigio.

Si pasamos al grabado, nos encontraremos con una modificación significativa además de las ya comentadas, la desaparición de los andamios, es de suponer que por considerarlos el dibujante antiestéticos, provisionales o ambas cosas a la vez. Por lo demás, y salvo alguna simplificación y algún error de perspectiva -pone la torre de la Capilla del Oidor por delante de la espadaña de San Ildefonso-, el dibujo es, en general, bastante fiel a la fotografía.

Jose Carlos Canalda