Ricardo Espinosa Ibeas. Prohibida su reproducción total o parcial sin el consentimiento expreso del autor. Distancia focal. 28mm Apertura diafragma. f.8 Velocidad de obturación 1/125 ISO. 200

La historia de Alcalá no se entiende sin sus molinos. La historia de su Universidad, la ‘civitas Dei’ que proyectara y fundara Cisneros, sin los molinos que la abastecieron… quedaría incompleta. El río Henares, los campos de cultivo bañados por sus aguas, el trasiego de las gentes que han poblado estas tierras a través de los siglos, no serían plenamente comprendidos si sacáramos a los molinos del cuadro; si nos olvidáramos de ellos.

Los molinos, nuestros molinos, cuentan con dos grandes desventajas: están a las afueras del casco urbano y son escasamente conocidos. Pasan casi desapercibidos, enmascarados en ajados aparejos que ocultan su antigüedad y pasado esplendor. No se les asigna la importancia que han tenido en el devenir de la ciudad a través del tiempo.

¿Cuál es el origen de nuestros molinos? Al intentar fijar su primer establecimiento solo podemos teorizar. No hay prospecciones sobre el terreno para sus fábricas. Por otra parte, el registro documental es escaso y fraccionado. No ha habido interés institucional en revelar el valor de algo que apenas ha sido tenido en cuenta.

El origen de la actividad de molienda se pierde en la noche de los tiempos. Podemos suponer que, si no los primitivos pobladores íberos, la llegada del Imperio Romano y sus necesidades de abastecimiento darían origen a la actividad de moler el abundante grano, producido en los campos complutenses, de una manera cuasi ‘industrial’. Se haría, pues, necesaria la creación de establecimientos específicos para ello. De su posible ubicación, aparte de situarla a las orillas del Henares (para aprovechar la fuerza motriz del agua), poco más podemos suponer. Sin embargo, sí que eran conocidas las numerosas ruedas hidráulicas que, bajo el dominio musulmán, jalonaban el río Henares desde Guadalajara a Alcalá. ¿Aprovecharían estas ruedas las posibles instalaciones romanas preexistentes? Así está documentado que ocurrió en otras partes de la Península Ibérica.

En la Península ha habido tradicionalmente molinos hidráulicos, de viento o ‘de sangre’ (los movidos por fuerza animal), desde antiguo. En lo que concierne a nuestro término municipal, solo tenemos constancia de la existencia de molinos hidráulicos, aprovechando las aguas del río Henares; sujetos a las fluctuaciones que sobre ellas causaban los diferentes caudales con el paso de las estaciones. No era inusual que, con las carencias del estío, algunos molinos vieran sensiblemente reducida su actividad, e incluso paralizada. Si no había agua suficiente para mover las muelas, no había harina.

Miguel de Portilla hace alusión en su obra (siglo XVII) a tres de nuestros cuatro molinos (omite citar el del Colegio, o Borgoñón, entendemos que por error). Según el Catastro del Marqués de la Ensenada, de 1753, en Alcalá había “quatro molinos arineros”, 11 hornos de pan y 26 panaderos. También registra a cuatro molineros y un “aechador de trigos de los molinos” entre los oficios declarados. Esteban Azaña cita en 1882 que “en el nomenclator aparecen […] los cuatro molinos de la Esgaracita (sic), Colegio, Zulema y el Batan transformados hoy en hermosas fábricas”. Los molinos son una constante en los catastros, por claros motivos tributarios; mucho menos presentes en las crónicas de viajeros, que los encontrarían carentes de interés en su visita a una ciudad monumental. No obstante, la documentación administrativa a través de los siglos contiene numerosas referencias a ellos, si bien parcas y no todo lo abarcadoras que desearíamos: reformas, permisos de obras, cambios de propiedad, litigios, arrendamientos, daños sufridos por inundaciones…

En la vida y desarrollo de los molinos complutenses fue factor de peso la cercanía de la capital, Madrid. Había que aprovisionar de pan a la villa y corte, que demandaba grandes cantidades de alimento para tantas bocas. Esto influía directamente en las poblaciones de varios kilómetros a la redonda. Buena parte de la producción debía ser reservaba obligatoriamente para ser enviada a la populosa capital del Reino. Se promulgaron normas que lo regulaban. Era, por lo tanto, imprescindible que los molinos estuvieran en pleno rendimiento, siendo ampliados y mejorados en lo posible.

Molinos. Son el fiel testigo de épocas donde la agricultura tenía importancia vital y palpable en la economía, en la actividad local. Una actividad que se fue transformando, adaptándose a los tiempos, renovando instalaciones y maquinaria, como algo vivo, cambiante; hasta que los usos de la sociedad actual industrializada y anónima los han relegado al abandono y olvido, sustituidos por modernas factorías asépticas que poco o nada tienen de ese halo romántico.

Ya no se cobra la maquila, desaparecieron las coplas de molineros y… todo ha quedado reducido a unas viejas paredes que, en el mejor de los casos, conservan dentro, muy ajada y mermada, parte de su otrora activa maquinaria.
Fotografía: Ricardo Espinosa Ibeas

Fuente: Ecologistas en Acción Alcalá de Henares

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