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Jose Carlos Canalda también ha analizado el Cartón-moneda alcalaíno que se utilizó en la ciudad durante la Guerra civil Española -1936-1939-.

En mi condición de antiguo coleccionista -más bien juntador- de sellos y monedas, sabía desde hacía mucho tiempo que durante la Guerra Civil muchos ayuntamientos españoles emitieron papel moneda local -dinero fiduciario, según la terminología legal-, de circulación restringida a su término municipal, a causa de la fragmentación y el caos que se adueñaron de buena parte del territorio republicano durante el conflicto bélico, impidiendo en muchas ocasiones el libre uso de la peseta republicana.

En realidad, más que billetes -evidentemente no se solía utilizar metal para estas acuñaciones- podría hablarse de vales, es decir, de algo que iba tan sólo un poco más allá del simple trueque… pero las circunstancias imponían estas condiciones que durarían, cada vez más agravadas, hasta el final de la guerra.

Aunque basta con consultar cualquier catálogo numismático, o rastrear en internet, para encontrarnos con numerosos ejemplos de estos curiosos y fugaces billetes, yo nunca había tenido la menor idea de que hubiera habido emisiones -deciracuñaciones sería sin duda exagerado- de este tipo en Alcalá, lo que bien mirado tenía su lógica dado que nuestra ciudad mantuvo sus comunicaciones con Madrid durante toda la guerra, por lo que en ningún momento se dio en ella el aislamiento que padecieron en otros muchos lugares de España. Como mucho, conocía la existencia de algún billete local, como el emitido en la localidad toledana de Los Navalmorales, que recogía la figura de Manuel Azaña, el entonces presidente de la República, rompiéndose la norma tácita de no representar en monedas, billetes o sellos a personajes vivos excepto a los monarcas… y a algún que otro dictador, como puede comprobar cualquiera que conserve alguna de las antiguas monedas de Franco.

Por esa razón, cual sería mi sorpresa al mostrarme hace unos meses un amigo un puñado de cartones-moneda -así figura escrito en ellos- que había comprado poco antes en una de sus visitas al Rastro madrileño. Para empezar no se trataba de billetes sino de “monedas”, entendiendo como tales a unos discos de cartón del tamaño de una moneda -unos tres centímetros y medio de diámetro- e impresos por una sola cara, pero con la misma misión de funcionar como “dinero” provisional de uso local, principalmente para suplir la falta de calderilla debido a la escasez de metales provocada por la guerra.

El origen de este cartón-moneda, tal como se le denominó, hay que buscarlo en un decreto del Consejo de Ministros de fecha 24 de febrero de 1938, mediante el cual se autorizaba la emisión de unos discos de cartón, impresos por una sola cara con el escudo de la II República, a los cuales se les pegaba en el anverso un sello de correos, que era lo que establecía el valor monetario -normalmente reducido, apenas unos céntimos- de los mismos.

Sin embargo, en la mayoría de los cartones-moneda de mi amigo no figuraba el aludido escudo de la II República, sino motivos diversos junto con los nombres de distintas localidades españolas que, presuntamente, los habrían emitido… y en varias de ellas figuraba Alcalá.

En realidad éste había comprado todos las que encontró de la provincia de Madrid y de temas cervantinos -según me dijo había muchos más de diferentes lugares de España-, y entre ellos salieron nada menos que seis de Alcalá cuya existencia desconocía por completo, a los que se sumaron otros dos más que encontré husmeando por internet. Y, por lo que yo sé, nadie hasta ahora se había hecho eco de su existencia.

Claro está que las cosas no son tan sencillas como pudiera parecer en un principio. En diferentes foros numismáticos he podido leer diversas denuncias acerca de la falsedad de estos cartones-moneda, no los del escudo republicano sino las “acuñaciones” locales, todas ellas fechadas en 1937 -es decir, con anterioridad al citado decreto de 1938-, que serían tan sólo unas burdas imitaciones recientes.

Puesto que soy lego en la materia no soy el más adecuado para opinar al respecto, aunque lo cierto es que existen al menos un par de detalles que inducen a la desconfianza. Primero, que aparecieran de repente, más de setenta años después de su presunta emisión, sin que nadie hasta entonces se hubiera hecho eco de su existencia, y segundo que hayan inundado el mercado coleccionista hasta unos extremos verdaderamente sorprendentes. Basta hacer un rastreo por internet, y más concretamente por las páginas de compraventa de artículos de coleccionismo, para descubrir que están por todos los lados; de hecho, he llegado a encontrar incluso la oferta de un lote “completo” -al menos así lo indicaba el vendedor- ¡de nada menos que 60 motivos distintos!… lo cual, se mire como se mire, resulta de todo punto disparatado, ya que parece lógico pensar que, en plena Guerra Civil, las autoridades locales de la época, de haberlos emitido realmente, se hubieran conformado con una cantidad mínima de modelos en lugar de entretenerse para hacer las delicias de los coleccionistas locales tres cuartos de siglo después.

Por si fuera poco, si seguimos rastreando por la red nos encontraremos con que esta inusitada eclosión de motivos alcalaínos no se reduce al citado cartón-moneda, ya que disponemos también de una completísima oferta de cupones -o vales- de todo tipo, emitidos presuntamente tanto durante la Guerra Civil como en la posguerra: los hay de la Casa del Pueblo -curiosamente ilustrados con fachadas de edificios religiosos-, de Izquierda Republicana, de fábricas como Forjas o las cerámicas Estela y Pinilla, de la parroquia de San Pedro, del cine Cervantes, del Teatro Salón Cervantes, de la cárcel, de tiendas de comestibles y bares, de Acción Católica, de donativos pro víctimas de la guerra, o de la ayuda americana, ya en los años cincuenta; e incluso algunos tan pintorescos como el de una peluquería de la calle Mayor -no indica más datos, ni tan siquiera el número en el que habría estado ubicada- válidos para cortes de pelo y afeitados, algo dudosamente susceptible de racionamiento incluso en los períodos más duros -están “fechados” en 1942- de la posguerra.

En ocasiones incluso nos encontramos con sorprendentes premoniciones en forma de dibujos, en los reversos de cupones “fechados” en 1937, de la verja de entrada de la Casa de Cervantes -inaugurada en 1956-, el chapitel actual de la torre de Santa María, reconstruido en 1983 en sustitución del antiguo, desaparecido durante un incendio en 1974, e incluso del actual escudo municipal, aprobado en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid de fecha 10 de marzo de 1987.

Así pues, que cada cual extraiga sus propias conclusiones. A mí, cuanto menos, me resulta pintoresco.

Volviendo al tema de los cartones-moneda que tengo localizados, y haciendo abstracción de su verdadero origen, éstos son un total de ocho tal como acabo de indicar, aunque según todos los indicios su cifra real debe de ser muy superior. Todos ellos llevan un dibujo central y, en forma de orla alrededor del mismo, figura el texto “CARTÓN MONEDA DE USO PROVISIONAL”, así como los datos de la población y la fecha, “ALCALÁ DE HENARES (MADRID) 1937”. En todos los casos están rotulados a mano cambiando la caligrafía de uno a otro, aunque su diseño es muy similar y salido probablemente de la misma mano.

En cuanto a los dibujos, éstos hacen alusión, de forma más o menos explícita, a temas cervantinos en todos los casos excepto en uno, de inspiración taurina. Como se puede apreciar en las fotografías, su estilo es bastante esquemático, casi diríase que rozando lo naïf. Vemos una mano que sostiene una pluma con la que escribe en un libro, la cual podríamos identificar sin demasiado esfuerzo con la de Cervantes; dos bustos -uno lateral y otro frontal- de, diríase, don Quijote; dos Quijotes de cuerpo entero y diferente diseño, en ambos casos recordando a los dibujos infantiles y, por último, dos cabezas de caballo que dudo en atribuir a Rocinante o a la montura de un picador.

El último cartón-moneda se sale claramente de esta temática, ya que representa, también de manera bastante esquemática, la cabeza de un toro y una espada probablemente haciendo alusión a la suerte de matar.

© José Carlos Canalda

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