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Ricardo Espinosa Ibeas. Prohibida su reproducción total o parcial sin el consentimiento expreso del autor. Distancia focal. 28mm Diafragma f.5,6 Velocidad 1/125 ISO 100

El neomudéjar es un estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló en nuestro país a finales del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX, siendo una de las ramificaciones que las corrientes historicistas que se desarrollaban en la arquitectura europea durante ese mismo periodo.

Las edificaciones que se desarrollaron bajo este estilo fueron fundamentalmente de tipo lúdico o festivo, salones de fumar, casinos, estaciones de tren, plazas de toros o saunas.

Las particularidades históricas de nuestro país, así como el periodo en el que se desarrolló – noventayochismo-, hicieron que en nuestro país este estilo fuese reivindicado como propiamente hispánico, de ahí que en el neomudejar los ladrillos y los arcos de herradura tuviesen amplio eco, lo que también supuso que en numerosos casos se confundiese el neomudejar con el neoárabe, ya que con frecuencia se utilizan elementos califales, almohades o nazaríes, teniendo únicamente el ladrillo como elemento de nexo.

La plaza de toros de Madrid – de Rodriguez Ayuso y Alvares Capra- es considerado como el punto de partida del neomudejar, estilo que sería seguido por numerosos arquitectos.

En nuestra ciudad, son diversas las muestras de éste estilo. Al ya mencionado Círculo de Contribuyentes, hay que añadir el Matadero Municipal – hoy centro de Casas Regionales-, el Quiosco de Música y sobre todo, el Palacete Laredo.

Su Arquitecto y Propietario fue Manuel José Laredo y Ordoño  (1842 -1896) nacido en Amurrio (Álava) en 1842. Su elevada posición social (descendiente de importante linaje aragonés) y la holgura económica de la familia permitieron dar al joven Manuel una formación bastante completa. Inicialmente se encaminó al campo de las leyes, por tradición familiar (su padre era juez), y aunque se desconocen las enseñanzas recibidas posteriormente, según ciertos documentos se piensa que se centraron en la pintura.

Durante la década de 1850 se traslada a Madrid junto con su padre, intentando hacer carrera en la Villa y Corte. Obsequiaron a la Reina un manuscrito, reelaboración del texto original barroco Empresas Políticas de Saavedra Fajardo y titulado Cien páginas sobre la idea de un Príncipe Político-Cristiano.

Comienza a despuntar entonces el talento artístico de Laredo, iluminador del manuscrito en cuestión, que irá entrando en el mundo artístico madrileño y ascendiendo en prestigio e influencia hasta conseguir finalmente en 1893 el ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Alcalá era por entonces una localidad de unos 10.000 habitantes, que había visto cómo su motor secular, la Universidad, había sido trasladada a Madrid en 1836. Las desamortizaciones agravaron aún más la situación de la ciudad, reducida ahora a poco más que el núcleo principal de una comarca agrícola. En lo que fueron colegios universitarios y conventos crecía ahora la hierba y avanzaba la ruina. Ante la perspectiva de que el antiguo Colegio Mayor de San Ildefonso fuese derruido, se crea en 1850 la Sociedad de Condueños con el fin de recuperar este edificio y otros anejos.

En diciembre de ese mismo año se logró readquirirlo gracias a las aportaciones económicas procedentes de la práctica totalidad de los estratos sociales complutenses. Este acontecimiento marcó el inicio de una cierta recuperación cultural en Alcalá, dirigida por una élite social de políticos, letrados, burgueses y militares concienciados ahora del valiosísimo patrimonio que atesoraba la ciudad y decididos, en línea con el ideal romántico, a rescatar lo posible de un pasado ilustre.

Manuel Laredo, diseñó el edificio para albergar la residencia habitual de su familia. Laredo es considerado como uno de los personajes con más carisma de Alcalá de Henares durante la segunda mitad del siglo XIX, y no en vano también fue su Alcalde entre 1891 y 1893. Restaurador, constructor, pintor…….. trabajó en las obras de rehabilitación del Palacio Arzobispal, además de ser constructor del Círculo de Contribuyentes o el Quiosco de Música de la Plaza de Cervantes.

Pero donde realmente destacó fue en el manejo de las artes suntuarias especialmente en la pintura decorativa y escenográfica, lo que le permitió convertirse en  miembro de la Real Academia de San Fernando.

El Palacete, ubicado en el Paseo de la Estación es una suerte de elementos neomudejares a los que se añaden mezclado con ingredientes renacentistas, góticos y pompeyanos, con lo que el resultado es ecléctico y es persistente en el edificio la evocación que su constructor hace de la arqueología, ya que en el Palacete encontramos bóvedas y columnas del Palacio de Santorcaz, o azulejos del jienense palacio de Pedro I el cruel. En general se trata de una obra que se bifurca en todas las direcciones de la historia. Es la mezcla de varios estilos arquitéctonicos la que le proporciona singularidad al Edificio.

En su faceta historicista su autor se inspiró, no obstante, en lo que se conoció como el movimiento “Arts and crafts”, impulsado por William Morris en Inglaterra. Las decoraciones con pinturas de cada estancia y con diseños ambientales diferentes para cada una, hacen de este edificio un ejemplar muy particular de la tendencia modernista/historicista de la época.

Hay salas inspiradas en la Alhambra, y frescos con motivos pompeyanos y platerescos. El Salón de los Reyes está decorado con pinturas de distintos monarcas, y en el techo presenta una representación del firmamento como se concebía en la Edad Media. En la actualidad sirve de salón de actos y sala de conferencias.

Su propietario vendió el Palacete en 1895 para trasladarse a Madrid donde moriría un año después, y su denominación como hotel Laredo encuentra su sentido en que el Paseo de la Estación fue el ensanche extra muros de Alcalá en la segunda mitad del siglo XIX y la zona se convirtió en lugar de residencia de la burguesía de la época.

En la actualidad, el Palacio Laredo alberga la sede de la Institución de Estudios Complutenses, uno de los motores culturales de la ciudad que tiene como su  fin fundamental el estudio, investigación, promoción y difusión de la cultura de Alcalá de Henares y su Comarca en todos los aspectos.

© El Digital Complutense/Ricardo Espinosa Ibeas

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