* Por Luis Vargas Méndez

Los que leyeran la novela o visto la película hace años, recordarán la cantinela machacona entonada por un coro de almas muertas “¡soma, soma, soma!”. Me refiero a la novela de Aldous Huxley “Un Mundo Feliz” y me asustar pensar en una sociedad cada vez más aletargada, manipulada y ¿por qué no decirlo? conformista y carente de valores, sin ideologia y es que el “estado del bienestar” esta convirtiendo al ser humano en clase pasiva.

Cuando disponemos de libre albedrío, del control de nuestra vida, de nuestro trabajo, la sensación de satisfacción y el afán de superación es difícilmente mejorable.

Thomas Sowell (economista liberal de EEUU) crítico con lo “políticamente correcto”, decía que el Estado del Bienestar hace confortable la pobreza.

En mi opinión, esto, hacer confortable la pobreza, no es nada malo, pero no debemos quedar a la espera de que el Estado “asistencial” nos solucione la vida, pues sí meditamos un poco, comprobaremos como las políticas más asistenciales de la democracia si algo han conseguido ha sido incrementar la desigualdad, justo lo contrario de lo pretendido.

Cuando la sociedad antepone la igualdad a la libertad, termina por no conseguir ni lo uno ni lo otro. Pienso que la desigualdad, no se reduce con asistencia, sino por medio de iniciativas adecuadas para crear riqueza. Hace poco leí y me atrevo a reproducir, sin poder aportar datos económicos de contraste, que los países con más libertad económica tienen una mayor renta per capita, mayor esperanza de vida y mejor calidad medioambiental.

Hemos llegado a un pacto social en el que la parte beneficiaría cobra y a la que le toca pagar se la termina expoliando en contra de sus deseos y resulta curioso llamar neoliberal a una forma económica en la que el gobierno controla el cuarenta por ciento del PIB. Humildemente creo que no podemos seguir pensando en la subvención, en el asistencialismo, la prosperidad y la riqueza dan mejores condiciones a la sociedad, la desigualdad se reduce creando incentivos que faciliten la inversión.

La represión financiera, consistente en bajar tipos de interés y aumentar los impuestos para mantener una Administración atrofiada y gigantesca, ha dado como resultado el hundimiento de la clase media, en definitiva, más desigualdad.

Sólo si somos capaces de aumentar la renta disponible, bajar los impuestos y recortar el gasto, podremos superar la crisis, pues sólo se puede mantener un cierto grado de gasto social si somos capaces de ahorrar. No podemos pretender más gasto público a costa de que pagues tu y no yo, que al final consigue un efecto fuga del capital y se destruye la inversión.

Por el contrario la innovación, la eficiencia, la calidad, la productividad, unas instituciones que ofrezcan seguridad jurídica, son condiciones comunes a las economías más desarrolladas y que a la postre van a resultar más competitivas.

Resulta obvio que si se siguen construyendo más aeropuertos o más estaciones de AVE en lugares donde no sean rentables, el Producto Interior Bruto subirá, pero su impacto en la renta disponible de los ciudadanos y sobre nuestra capacidad de consumo se reducirá, pues se necesitarán más ingresos vía impuestos y ahora lo importante es no quitar a las familias y a las empresas sus rentas y favorecer el ahorro y el consumo, pues en mi opinión, estamos dando por buena una situación errónea consistente en pensar que los gobiernos saben invertir y gastar los recursos mejor que empresas y familias, y es que el empleo no se crea con la intervención directa de la Administración, el empleo se crea cuando se facilitan condiciones atractivas para invertir y cuando el consumidor dispone de renta para comprar.

El problema de España (así lo apunta la Unión Europea), no es tanto que se gaste mucho como que se gaste mal, lo que ha realizado el Estado es, transferir nuestra renta a sectores endeudados que nos lo agradecen gastando más todavía.

En resumen, el empleo no se crea sólo con política económica, sino con creación de riqueza y eso es gracias a una economía más abierta y dinámica y a ello ayuda un gasto público eficiente en la forma y en el fondo, en la ética y en la estética, y saber que nuestro dinero ira a legítimos fines públicos, y no termina en cuevas de Ali Babas.

La economía de mercado es más eficiente para generar recursos y riqueza, pero no es la más eficiente para distribuirla y para ello necesitamos de la actuación de Estado, para que el reparto de la riqueza sea efectivo y justo.

La política es el arte de utilizar recursos escasos, siempre hay que hacer muchas cosas con poco, pues confiemos que lo hagan los mejores en el sentido más amplio del término.

*Luis Vargas Méndez es Abogado en ejercicio y ha sido concejal del Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

 

 

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