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Creo que ha pasado el tiempo suficiente como para hacer una lectura más o menos lúcida de la sorprendente, divertida y esperanzadora decisión de los ciudadanos en las elecciones europeas. En mi análisis, era necesaria esta espera por dos motivos: el primero por mi falta de capacidad para reflexionar a bote pronto sobre algo tan complejo como lo acontecido, y después, porque había que esperar a la reacción de aquellos que habían perdido, aunque ya se sabe que en política, bronca y juerga “antes muerto que sencillo”.

Ya han pasado varias semanas y aún no he conseguido salir de mi asombro. He sido testigo de un hecho con el que no contaba, un hecho que será histórico. He podido contemplar cómo sólo en cuatro meses un grupo ha conseguido que más de un millón de personas  haya sido capaz de mirar al mismo tiempo otra imagen que no era la misma de siempre. Es algo extraordinario, sobre todo en una sociedad tan individualista como la nuestra. Pero ha sucedido, y eso ofrece un soplo de esperanza.

Creo, sin ánimo de ofender a nadie, que el varapalo podría haber sido, de haber afinado un poco más, mucho más potente si la determinación del voto se hubiera hecho, además de con la rabia que surge del corazón partido, con una pizca del ingenio que sólo surge de la  reflexión. En todo caso, prefiero un error que venga del corazón a un acierto que proceda del  sectarismo.

Basta con algo de conciencia y una gota de experiencia para entender que una agrupación que nace con carácter asambleario está condenada al desacuerdo y al follón, y no porque este carácter sea malo en sí mismo, sino porque es incontrolable el boquete que este formato abre a multitud de reventadores profesionales que estarán dispuestos a dinamitar cualquier cosa que se les encargue.

No pocos tertulianos, expertos ellos en todo tipo de materias, exponían sus reticencias sobre el número de parados reales en España. “Si hubiera tantos millones de parados, decían, las calles estarían ardiendo”. Pues muy bien, aquí tienen una parte importante de esa  manifestación, cuya desesperación  ha puesto patas arriba a todo un sistema.

Es verdad que muchos de los ofrecimientos que han hecho desde PODEMOS son en gran medida incoherentes,  irresponsables y peligrosos, pero más verdad aún es que el  populismo,  la demagogia y la hipocresía han sido y serán los pilares sobre los que se sostienen las organizaciones políticas desde que se inició la democracia española. Por tanto en mi opinión, que tantos y tantos personajes que viven de la política desde la adolescencia acusen a esta agrupación de hacer lo que ellos mismos han hecho durante toda su vida, es indigno, repugnante y un insulto a la inteligencia de la ciudadanía.

Los políticos están convencidos de que el problema no son ellos, por eso es por lo que nunca rectifican, nunca piden perdón por nada y jamás serán capaces de reflexionar sobre el daño que hayan causado cualquiera de sus decisiones. Piensan que toda la crítica que se hace sobre ellos se basa en una falta de mentalidad democrática de la gente.

Los medios de comunicación no han parado de advertir sobre la desafección de la ciudadanía hacia los políticos, pero la verdad es que el desencuentro se inició justo al revés, fueron ellos quienes iniciaron el distanciamiento hacia aquellos por los que tenían que trabajar, y fue ahí, cuando el sistema político se convirtió en una casta de personajes que nada tenían que ver con el pueblo. Muchos de ellos, al no haber trabajado nunca fuera de la política no conocen las dificultades de una empresa para crear trabajo. Carecen de la más mínima sensibilidad para entender que a una persona no se la puede echar de su casa si el motivo por el que le embargan su vivienda, ha sido producido por perder su trabajo a causa de que ellos han hecho mal el suyo.

En fin, no sé lo que pasará, pero comprendo perfectamente lo que ha pasado, y firmaría ahora mismo que eso se repitiera una y otra vez si con ello este exagerado número  de personas acomodadas en  poltronas que no les pertenecen por haberse  alejado de la realidad de sus pueblos tendiesen a desaparecer de la política.

En las próximas elecciones, que serán las locales, tendremos que elegir entre la demagogia de  unos y la demagogia de otros, y esa será la cuestión.

Aquí les dejo una cita que a lo mejor les ayuda:

“Más que en ningún otro momento de la historia, la humanidad se halla en una encrucijada. Un camino conduce a la desesperación absoluta. El otro, a la extinción total. Quiera dios que tengamos la sabiduría de elegir correctamente” (Woody Allen)

Miguel Angel López Alvarez

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