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(Editorial) Las desafortunadas y lamentables declaraciones protagonizadas por Javier Bello, en las que pone en tela de juicio la gestión que se lleva a cabo en la Universidad de Alcalá, no son más que un mojón de los muchos que jalonan el polémico camino recorrido desde su llegada al Ayuntamiento de Alcalá hace algo más de dos años y medio.

Estas declaraciones han supuesto una avalancha de críticas por parte no sólo de la oposición política, sino de todos los estamentos sociales de la ciudad, en la que el Rector de la Universidad de Alcalá, Fernando Galván, cuenta con un merecido reconocimiento.

Figura opaca y polémica, Bello nunca ha dado la talla en un puesto que a todas luces le viene grande, y para el que ha dado muestras más que evidentes de no estar preparado.

Desde eldigitalcomplutense no pretendemos hacer memoria sobre los numerosos resbalones protagonizados por Bello, pero si consideramos que la política local, y en concreto su máxima institución, – el alcalde-tiene que dar una imagen muy diferente de la que Bello aporta para Alcalá de Henares . La auctoritas romana es una mezcla de respeto, honradez y trabajo que implicaba que los magistrados romanos no necesitasen de complejos sistemas electorales para detentar el poder sobre las instituciones.

Bello no ha sido elegido Alcalde por los ciudadanos, y ha demostrado no ser el Alcalde de los alcalaínos. Si Bello ocupa la alcaldía es por designación, pero puede utilizarse el mismo procedimiento para que el orden político vuelva a la ciudad.

Los complutenses y el Partido Popular, el Partido Popular y los complutenses tienen que buscar una solución al fiasco que la designación de Bello como Alcalde ha supuesto para la ciudad.