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Cámara Panasonic DMC-ZX1
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El antiguo Colegio menor de Clérigos Ministros de los Enfermos de San Carlos Borromeo, vulgo de agonizantes, data originalmente de 1674.

En general la fundación de los colegios menores, especialmente los seglares, se hacía para permitir estudiar a jóvenes pobres que no podían pagar sus estudios; los promotores, personas o instituciones, donaban rentas suficientes para sufragar los gastos de mantenimiento del edificio y de los estudiantes, los cuales recibían una beca que pagaba los estudios. La posesión de esa beca se manifestaba con una tira de paño de un color distintivo, según el colegio, que llevaba cosido en un extremo una pieza en forma de rosca forrada que, en los orígenes, servía de bonete a los colegiales, hasta que se sustituyó por el birrete de cuatro picos. El color de la beca daba nombre a los estudiantes de cada colegio. En general, en los colegios menores se alcanzaba normalmente el grado de Bachiller- no siempre-, reservándose los mayores el otorgamiento de los grados de licenciado, maestro o doctor.

En 1855 tras la desamortización de Madoz, el Convento de Agonizantes quedó vació, y  los ediles que por entonces integraban la corporación, hicieron gestiones para llevar allí la sede municipal, así como la Milicia Nacional.  En el año 1870 ya se encontraban las obras en un avanzado estado de ejecución, de la mano del arquitecto Cirilo Vara y Soria. A partir de 1872 se ejecuta el actual Salón Noble, doblando la nave del antiguo templo, adaptando la planta baja para oficinas.

Esta elegante sala es obra del arquitecto Adolfo Fernández Casanova, académico laureado y  autor de la capilla del cementerio municipal. Pasó luego a Valladolid y la catedral de Sevilla le debe una magna restauración. En 1875 quedaron instalados los medallones de los muros, que acogen a Cervantes, Cisneros, El Empecinado, Nebrija, Pedro Gumiel y Antonio Solís y Rivadeneya.

En la planta alta se situó el archivo con los documentos más notables y los fueros y las cartas de los reyes.  También se ubicaron en el archivo los documentos de los arzobispos de Toledo con los privilegios otorgados a sus súbditos. Acabadas las tareas de asiento firmaron los ediles un seguro de accidentes para el edificio y el mobiliario por valor de 30.000 pesetas del año 1877.

En el año 1924 el arquitecto José de Azpiroz y Azpiroz remodela la fachada dejándola en su estado actual con la elevación de la torrecilla central para albergar un reloj de tres esferas.

A principios de 1947 se hacen profundas reformas en la planta baja de modo que, a la derecha quedaba un gran despacho de Alcaldía con antedespacho y el resto se destina a Secretaría, Depositaría e Intervención. Tanto Azpiroz como su sucesor José María Málaga, remodelan y modernizan la planta baja, con oficinas más abiertas y funcionales y abriendo los huecos del patio, cuyas jambas y dinteles se forran con maderas a la castellana y se descubren las viguetas del techo. Lo mismo se hace en la planta noble, además de pavimentarla. El espacio de archivo se destina a Comisión de Gobierno con decoración de repostero del Cardenal Bedmar y la Biblia Políglota en una hornacina y reja de forja a mano obra de Jesús Prades. El ala al costado del Salón Noble, pasa a ser despacho de Secretaría con las antañonas vitrinas del anterior archivo. Otro costado abarca el noble despacho de Alcaldía, con Secretaría y Gabinetes propios. Toda la galería se decora con vitrinas en 1972, para alojar un minimuseo de trofeos, mientras los muros exhiben los cuadros de “Cervantes y sus modelos” de Lizcano, “La despedida del soldado”, de Plá Rubio; “Estos son mis poderes”, de Manzano; “La muerte de Felipe III de Francia”, de Ferrán; también se puede ver el pendón de la ciudad sobre un arcón de caudales del sigloXVI

©eldigitalcomplutense.es/Ricardo Espinosa Ibeas

 

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