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Hablando de otros asuntos, debo ser el palurdo cibernético más palurdo de los que campan por alcalandia. Con sinceridad, no tengo feisbuk, ni tuiter ni ninguna de esas chorradas en las que la gente busca realizar una vida irreal y hace una batalla vital de cualquier anécdota diaria. La verdad es que leer los perfiles de la gente, así como sus aventuras, muchas veces genera sonrojo. El mismo sonrojo que han provocado en muchos alcalaínos los problemas vía Twitter, blog o lo que utilice, que ha generado el Alcalde designado y no elegido por los alcalaínos. – con cualquiera de los trolles que le atribuye la leyenda urbana local: Tadeo, Domingo San Julian……………-

Estos días – con sinceridad cotilleando de unos y otros, porque a todos les gusta dejar claro y patentes sus miserias- he leído el twitter – ahora vamos a hablar con propiedad- de Bartolomé González, y me ha llamado la atención que el ex alcalde de Alcalá  ha sentido en sus carnes que mucha gente, a lo mejor demasiada, ha dejado de tratarle de igual manera a como le trataba cuando era Alcalde.

Me ha venido a la memoria una anécdota que contó en una clase magistral un ilustre catedrático ya difunto de la Universidad de Alcalá, y que buscaba despertar a unos tiernos estudiantes sobre la vida después de la Universidad. Ahí va la anécdota:

“Durante los años de la transición, Pepito G., es nombrado Ministro de Obras Públicas. Pepito G. empieza a despachar todos los días, y todos los días, según sale del despacho a la hora de comer, se encuentra con Gustavo H., ilustre contratista del “sistema”, y al que Pepito G. no conocía de nada con anterioridad a ser ministro. Día a día se encuentran y después de los primeros saludos, un buen día, Gustavo H. se anima a invitar a un buen cocido de Lhardy a Pepito. G.  A partir de ese momento Pepito G. y Gustavo H. atraviesan la barrera de la confraternización y comienzan a salir a comer todos los días, aprovechando que Gustavo H. siempre se encuentra a la puerta del despacho de Pepito G.

Evidentemente a buen entendedor, pocas palabras faltan. La cartera de pedidos de Gustavo H. empieza a engordar, carreteras, pantanos, y así un largo etcétera de infraestructuras, que permiten que la empresa de Gustavo H, multiplique por tres su tamaño. Mientras tanto, Gustavo H. y Pepito G. siguen reforzando su amistad, vacaciones en Baqueira y Marbella etc, etc, etc.

Un buen día, en el momento más inesperado, Adolfo Suarez anuncia un inesperado cambio de gobierno de los que se estilaban en la época, y de la noche a la mañana, Pepito G. se encuentra sin trabajo, haciendo una vida nueva y completamente distinta a la que llevaba hasta entonces puesto que se queda poco más o menos que cobrando el paro.

La morriña del ministerio le invade al ex ministro con frecuencia y muchos días acude a pasear por las cercanías. Un día que se encontraba sentado en un banco, ve salir del Ministerio a Gustavo H. con su sempiterno portafolios bajo el brazo, al tiempo que Pepito G. es invadido por una mezcla de celos, rabia e impotencia en la que se entremezclan los recuerdos de las comidas, de las vacaciones…….. Pepito G. decide acercarse a Gustavo H, que le saluda atentamente

Pepito G: Gustavo, con lo amigos que éramos, ahora nunca vienes a verme ni quieres saber nada de mí– Gustavo H le mira de arriba abajo y responde: Pepito, te equivocas, yo sigo viniendo todos los días al ministerio, y paso mucho tiempo esperando a la puerta del despacho del ministro, solo que ahora el Ministro que abre la puerta ya no eres tú, la puerta la abre otro y es con él con el que me voy a comer”.

Esta pequeña anécdota sirve para ilustrar algunas de las cosas que acontecen en nuestra ciudad.

Lo de siempre, tenemos lo que nos merecemos

El alcalaíno impenitente.