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No, ciertamente no os confundis, el título es correcto. El problema es que no sabemos quién ha escurrido su cerebro de manera tan extravagante como para conseguir un titular tan hortera.

El primer fin de semana de Junio, tendrá lugar en Alcalá el “Alcalow cost” que pretende ser una promoción de la ciudad a través de una serie de ofertas facilitadas por los establecimientos que se adhieran a la iniciativa, según ha explicado el Alcalde Complutense, Bartolomé González. Siempre según el primer edil “Alcalow cost” permitirá “comprar a unos precios históricos”, a lo que se añadirá una oferta gastronómica también de precio reducido, así como alojamientos más baratos de lo habitual. Más de lo siempre, buscar el céntimo, despreciando el duro que siempre requiere doblar el espinazo para pode recogerlo.

UPyD, ya vaticinó hace dos semanas que la política turística de nuestra corporación era bastante errática. No me parece reprobable la voluntad del Ayuntamiento de nuestra ciudad, pero lo que me parece criticable es justificar el planteamiento de turismo cutre,que quiere implantar la corporación. Una política turística no implica arrastrar el nombre de Alcalá, “the lowest around the world”, como pretenden nuestros gestores.

Y digo cutre, porque Alcalá ha apostado única y exclusivamente por un turismo de alpargata, el turismo de la tapa y caña, y aunque entiendo que la crisis económica está golpeando con fuerza los sectores del medio-lujo como la buena gastronomía, no ayuda en nada, que las administraciones públicas – en éste caso la local- apuesten por el camino fácil y rápido:llenar el estomago con algo barato y simple – y siempre hablando desde el máximo respeto hacia los excelentes hosteleros alcalaínos-.

Digamos que nos encontramos en la misma disyuntiva que se planteó hace 15 años en España; elegir el crecimiento cómodo del ladrillo, o buscar un crecimiento sostenido y difícil de conseguir, amparado en la industria y las nuevas tecnologías. Nuestro país ahora sufre las consecuecias de haber escogido la primera opción,- la del ladrillo- pero Alcala y su turismo se encuentran en éstos momentos en una tesitura muy similar.

A esto hay que unir la escasa promoción cultural que se está haciendo de la ciudad. La ciudad de las “artes y las letras” o “el camino de la lengua”, son iniciativas que únicamente se exhiben en momentos puntuales. Y es que, los que observamos el turismo del casco histórico, contemplamos como los grupos de turistas son inexistentes entre semana – eso si, escolares de 12 años muchos-, y únicamente vemos que es en determinados fines de semana cuando algún espontáneo  fija sus ojos en nuestra ciudad.

No nos podemos engañar; a Alcalá no viene turismo internacional – sí, ese turismo que aporta un valor añadido, del señor que ha visto el Perito Moreno y el Taj Mahal, que se ha gastado una pasta ya sólo en pagar un avión hasta Barajas, aunque sea en línea aérea de bajo coste y no tiene inconveniente en pagar unos servicios complementarios caros -, únicamente se acerca el turismo nacional, o lo que es peor, el  turismo regional. No hay que desplazarse muy lejos, Toledo, Segovia, llenan sus calles con turistas norteamericanos o centro-europeos, que unen a su visita cultural una amplia oferta gastronomica, hotelera y cultural para acompañar una estancia que resulta inolvidable en su conjunto.

Todo eso resulta inconcebible en nuestra ciudad. Aquí el turismo de la tapa se acompaña con un paseo desde el intercambiador de Avenida de América o desde la estación de Atocha, porque, no nos engañemos, el turista más lejano que visita alcalá, procede como muy lejos,  de Villaconejos, sin desmerecer para nada al municipio melonero.

Han pasado 14 años desde que Alcalá obtuvo el titulo de patrimonio de la Humanidad, y nuestra ciudad no ha escalado ningún peldaño en el ranking nacional de lugares valorados para las visitas. No hay mas que ojear la versión inglesa de lonely planet, para descubrir que Alcalá es uno de los lugares  que se puede visitar a las afueras de Madrid, pero siempre que previamente se hayan visitado Toledo, Segovia o el Escorial – claro está, si al turista le queda tiempo y dinero-.

La que era nuestra gran esperanza, el Parador de Turismo de Alcalá, se ha convertido en un Hotel de escapadas con paquete de SPA – para no salir a la calle- o  en un pequeño centro de convenciones, dónde los laboratorios imparten seminarios a médicos de provincias, que aguardan impacientes las 18.00 hrs  para salir corriendo y llegar a tiempo a la función de las 19.00 hrs en los musicales de Madrid.

No, no puedo compartir esta záfia y primitiva visión turística que está haciendo de mi ciudad un lugar cutre, sucio y descuidado, que únicamente busca llenar estómagos con una falsa cultura de la tapa, inexistente en mi ciudad 15 años atrás. Los responsables turísticos de Alcalá – compañeros de Esther García-Romero Nieva, que en los 90 calificaba de cutres las fiestas locales-, así como los que les sostienen en el poder, deberían haber planificado nuestro turismo hace ya muchos años. Durante éstos años,nuestros ediles han desechado una muy importante faceta del turismo, que ahora echamos de menos.

Un planteamiento turístico adecuado habría permitido una simbiosis entre las distintas formas de hacer turismo, pero la planificación ha brillado por su ausenciaComo ésto no se ha hecho, es ahora, cuando nos encontramos inmersos en una profundísima crisis, – de la cual nos va a ser muy complicado salir-, el momento en el que nos damos cuenta de que el turismo podría haber sido un salvavidas económico que debería haber actuado como motor de la economía alcalaína, en una ciudad patrimonio de la Humanidad. Ahora nos damos cuenta de que el tejido turístico de nuestra ciudad, es frágil y muy poco rentable. La consecuencia directa de ésta falta de visión, es la subida generalizada de impuestos que los alcalaínos vamos a tener que afrontar durante los próximos años.

El Alcalaíno Impenitente

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